LOS OPUESTOS COMPLEMENTARIOS


En las diferentes escuelas de conocimiento de la humanidad, existen postulados básicos que se refieren en diferentes términos, a conceptos similares como los pares de opuestos complementarios.

Heráclito enseñó en el siglo IV antes de cristo que todos los cambios que se producen en el mundo ocurren por la interacción dinámica y cíclica de los opuestos, y consideraba que todo par de opuestos formaba una unidad. A esa unidad, que contiene y trasciende a todas las fuerzas opuestas, la llamó el Logos.

Textos milenarios, tales como el Kybalión , recogen una serie de aforismos que hacen referencia al principio de polaridad : “ Todo es doble, todo tiene dos polos, los semejantes y los antagónicos son lo mismo, los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan, todas las verdades son medias verdades; las paradojas pueden reconciliarse” .

Frío y calor, amor y odio, luz y oscuridad, serían aspectos o percepciones distintas de una misma realidad……en este plano material, la percepción por medio de nuestros sentidos, hace que todo sea dual, que captemos siempre una cosa en alguno de sus dos aspectos.

En Oriente, se simbolizó esta dualidad por medio del conocido símbolo del “Ying Yang”,el blanco y el negro inseparablemente unidos, conformando la unidad de un círculo. El principio masculino y femenino, conteniendo en sí mismo , cada uno, una porción del otro.

Según la tradición de los sabios toltecas, todos los seres humanos tenemos dos entidades distintas que conforman una unidad, El Tonal y el Nagual.

El Tonal, tiene relación con el cuerpo, con la percepción del mundo por medio de los sentidos y de la razón, el tonal nace con el hombre y muere con él.

El Nagual es esa parte del hombre que siempre está ahí, antes durante y después, tiene relación directa con el espíritu, es ese mundo innombrable, al que no se puede acceder por medio del razonamiento; es el lugar donde reside “El Poder”.

Estas leyes de la polaridad vistas anteriormente podríamos ilustrarlas con un ejemplo concreto como la respiración que da al ser humano la experiencia básica de polaridad. Inhalación y exhalación se alternan constante y rítmicamente. Ahora bien, el ritmo que forman no es más que la continua alternancia de dos polos. Si se destruye el ritmo se destruye la vida, pues la vida es ritmo. El que se niega a exhalar el aire no puede volver a inhalar. Ello nos indica que la inhalación depende de la exhalación y que, sin su polo opuesto, no es posible. Un polo, para su existencia, depende del otro polo.

Un dibujo muy conocido, en el que cualquiera puede experimentar claramente el problema de la polaridad el de CARAS/COPAS. Cuál de las dos formas vea dependerá de sí pongo en primer término la superficie blanca o la negra. Si interpreto como fondo la superficie negra, la blanca se sitúa en primer término y veo una copa. Esta apreciación cambia cuando considero que la superficie blanca es el fondo, porque entonces veo como primer término la superficie negra y aparecen dos caras de perfil.

Los dos elementos copa/caras están presentes en la imagen simultáneamente, pero obligan al que mira a decidirse por uno o por el otro. O vemos la copa o vemos las caras. A lo sumo, podemos ver los dos aspectos de la imagen sucesivamente, pero es muy difícil verlos simultáneamente con la misma claridad.

Esta absoluta interdependencia de los contrarios nos indica que, en el fondo de cada polaridad, existe una unidad que nosotros, los humanos, no podemos aprehender con nuestra conciencia, incapaz de percepción simultánea. Es decir, tenemos que dividir toda unidad en dos polos, a fin de poder contemplarlos sucesivamente.

Las polaridades son, pues, dos aspectos de una misma realidad que nosotros hemos de contemplar sucesivamente. Por lo tanto, cuál de las dos caras de la medalla veamos en cada momento dependerá del ángulo en el que nos situemos. Sólo al observador superficial se aparecen las polaridades como contrarios que se excluyen mutuamente. Si miramos con más atención veremos que las polaridades, juntas, forman una unidad ya que, para poder existir, depende una de otra.

El ego del individuo le hace imposible percibir, reconocer o imaginar siquiera la unidad o el todo en cualquier forma. La conciencia lo escinde todo en parejas de contrarios que nos plantea un conflicto porque nos obligan a diferenciar y a decidir. Nuestro entendimiento no hace otra cosa que desmenuzar la realidad en pedazos más y más pequeños (análisis) y diferenciar entre los pedazos (discernimiento).

El ego del ser humano desea tener siempre algo que se encuentre fuera de él y no le agrada la idea de tener que extinguirse para ser uno con el todo. En la unidad, Todo y Nada se funden en uno.

Más allá de la polaridad en la que nosotros, como individuos, nos encontramos inmersos, está la unidad, el Uno que todo lo abarca, en el que se aúnan los contrarios.

La solución se encuentra exclusivamente en ese tercer punto la “UNIDAD” desde el cual todas las alternativas, todas las posibilidades, todas las polaridades aparecen igual de buenas y verdaderas, o igual de malas y falsas, ya que son parte de la unidad y, por lo tanto, su existencia está justificada, porque sin ellas el todo no estaría completo. Por ello, al hablar de la ley de la polaridad hemos hecho hincapié en que un polo no puede existir sin el otro polo. Como la inhalación depende de la exhalación, así el bien depende del mal, la paz, de la guerra y la salud, de la enfermedad. No obstante, los hombres se empeñan en aceptar un único polo y combatir el otro. Pero quien combate cualquiera de los polos de este universo combate el todo —porque cada parte contiene el todo . Por algo dijo Jesús: «¡Lo que hiciereis al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hacéis!»

Teóricamente, la idea en sí es simple, pero su puesta en práctica es ardua, por lo que el ser humano se resiste a aceptarla. Si el objetivo es la unidad indiferenciada que abarca los opuestos, entonces el ser humano no puede estar completo, es decir, sano, mientras se inhiba, mientras se resista a admitir algo en su conciencia. Todo: «¡Eso yo nunca lo haría!», es la forma más segura de renunciar a la plenitud y la iluminación. En este universo no hay nada que no tenga su razón de ser, pero hay muchas cosas cuya justificación escapa al individuo. En realidad, todos los esfuerzos del ser humano sirven a este fin: descubrir la razón de ser de las cosas —a esto llamamos tomar conciencia—, pero no cambiar las cosas. No hay nada que cambiar ni que mejorar, como no sea la propia visión



FRASE DE LA SEMANA:

los bellos versos del Upanishad Mundana, original de la India, podemos leer:
“Semejante a dos aves doradas, posadas en el mismo árbol,
El ego y el YO, íntimos compañeros, habitan en el mismo cuerpo.
Mientras el primero gusta de los frutos amargos y dulces del árbol de la vida,
El segundo observa indiferente”
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