DE LA SABIDURIA DEL CORAZÓN


Dentro de este proceso de despertar espiritual propuesto en este querido blog, quiero hoy tratar un importante tema y es el de “Rendición y control”, tanto a nivel individual como a nivel colectivo. A nivel político, los líderes mundiales a menudo se hallan enfrentados con este tema. Aún es muy difícil estar a cargo políticamente y tomar decisiones desde el corazón. La política aún no parece estar preparada para esto. No obstante, rendirse a la sabiduría del corazón es la única salida para los grandes conflictos de nuestro mundo en este momento, la única posibilidad de una resolución pacífica de estos conflictos.

El sentido universal de conexión y unidad que es posible entre personas de razas, religiones y culturas muy diferentes, es el cimiento para la paz mundial. El reconocimiento entre sí como seres humanos, a pesar de las disimilitudes externas, está creciendo entre la población mundial, y es parcialmente estimulado por la tecnología de la información moderna, la cual disminuye enormemente las distancias en tiempo y espacio y ayuda a empezar a generar nuevos niveles de conciencia.

Es por el conocimiento de muchos individuos independientes en conjunto que cobra vida un nuevo nivel de conciencia. Pero para llegar a un nuevo nivel, el trabajo necesariamente se da en nivel individual, para lo  cual cada uno de nosotros debemos estar trabajando para integrar la energía del corazón dentro de nuestras vidas, y para esto es importante que conozcamos el tema de “rendición y control”.

Es importante que sintamos  la energía de la rendición, ya que está fluye desde nuestros corazones. Todos imploramos  enfáticamente por la sensación de liberación y confianza que es inherente a rendirse, soltarse. Pero a menudo, no sabemos cómo integrar esta energía en el día a día de nuestras vidas.

¿Cuál es el origen del control en la vida? Por control quiero decir: querer ejercer poder sobre la vida, forzarla a fluir de acuerdo a nuestros deseos, los cuales percibimos como correctos y justos. ¿Por qué intentamos ejercer control sobre nuestras vidas, y vivir continuamente con tensión y ansiedad debido a esto? El origen del control es el miedo.

El miedo está profundamente engranado en la estructura de nuestras vidas: en nuestra crianza, en nuestra educación y en nuestra sociedad. Los mecanismos de control están presentes por todos lados y nos son enseñados como buenos hábitos. Aparentemente, somos unas personas inteligentes, racionales, por lo tanto queremos tener control sobre nuestras vidas para  organizarlas acordemente.

La rendición y lo impredecible infunden en nosotros una sensación de temor. Asociamos rendirnos con darnos por vencidos, con no saber qué hacer, con ser abrumados por la agitación o la crisis emocional. Esto, sin embargo, es una concepción muy limitada de rendición. Es una concepción nacida del temor, de la conciencia basada en el ego. Hay nociones mucho más positivas de rendición, una que apunta a un estilo de vida, una forma de ser, en la cual podamos vivir confiados, sin la necesidad de controlarla, forzarla o manipularla.

El ego implora el control porque está atemorizado. El ego se identifica con imágenes que no vienen del alma sino que son alimentadas por el mundo externo. El ego está corriendo alrededor constantemente para preservar su propia imagen, ser un hombre de negocios exitoso, una cuidadosa ama de casa, o un terapeuta competente. Quiere mantener esta imagen para tener control sobre lo que las personas piensan de él. Sin embargo, siempre hay momentos en el que el ego falla y pierde. Este puede ser el caso cuando nos sentimos agotados, enfermos o nuestras relaciones se desbaratan. El ego considera estas crisis, en directa relación con fuerza de soltar y de rendirse, como golpes mortales.

Así el ego asocia la rendición con la crisis. El ego vive en una continua alternancia entre el control y la crisis. A menudo, en momentos de verdadera crisis en nuestras vidas, somos invitados a mirar el tesoro oculto dentro de él. Siempre hay un elemento positivo escondido dentro de la crisis, la cual nos hace señas para que lleguemos más cerca de nuestro propio corazón. De ese modo, la vida siempre nos está moviendo más cerca de nosotros mismos, de nuestro conocimiento y de nuestra sabiduría interior, incluso si vivimos de acuerdo a los dictados del ego. Porque siempre habrá situaciones en nuestras vidas que tarde o temprano nos desafiarán a rendirnos. La vida siempre nos está ofreciendo oportunidades para elegir la rendición como forma de vida.

Todos conocemos estos momentos de rendición después de una crisis, preciosos momentos de claridad y conciencia, en los cuales nos damos cuenta de que somos conducidos por el flujo de un invisible hálito divino. Comprendemos que este flujo divino de vida quiere lo mejor para nosotros, y que podemos confiar en él incluso si no nos trae necesariamente lo que esperábamos. Lo que todos anhelamos verdaderamente  es vivir más permanentemente de acuerdo a esta conciencia superior; incorporar este modo de ser en nuestra vida diaria, sin tener que ser empujados a esto por profundas crisis y desesperación.

La invitación es a dar un paso más adelante, o mejor dicho dar un paso atrás, para enfocarnos en una forma de vida que se caracterice siempre por soltar, confiar y rendirse. Rendirse significa: no luchar, no resistirse sino acompañar el flujo de la vida, confiando en que la vida nos ofrecerá precisamente lo que cada unos de nosotros necesita.

Confiemos en que nuestras necesidades son tenidas en cuenta y serán satisfechas. Aceptemos que lo que está sucediendo en nuestra vida ahora mismo y estemos presentes en eso.

Ahora, hablemos acerca de esta forma de vida, anhelemos esta de un modo profundo y sincero. En un deseo más espiritual que llegue de nuestra alma, del flujo divino dentro de nosotros.

Obstáculos en el camino a rendirse: tres falsos dioses

1.  El primer ídolo: Dios como una autoridad fuera de nosotros:

El primer dios falso es Dios mismo, es decir Dios concebido como el amo y maestro de la creación. Ese tipo de Dios es una construcción humana, una imagen de Dios que ha influenciado profundamente en nuestras culturas.

En esta imagen, lo “inferior” tiene una indudable razón para existir: es el combustible para el crecimiento y la satisfacción. La luz y la oscuridad tienen su propio rol que jugar y es en la aceptación de ambos que nosotros nos iluminamos. Extenderse en la luz de un modo desproporcionado, ignorando o combatiendo la oscuridad, a lo cual aspiran ciertos grupos espirituales, crea desequilibrio y una resistencia sutil a (y desprecio por) la vida en la Tierra.

Hacer las cosas mal, cometer errores, todo es correcto y puede incluso traer mayor crecimiento que tratar de evitar las equivocaciones. En las “cosas malas” la semilla de la luz está latente. Sólo experimentando lo malo desde adentro,  podemos experimentar lo bueno como hermoso, puro y verdadero. Podemos aprender “desde afuera”. Dios, se ha sumergido a través de nosotros, a nuestras  profundidades (dentro de la realidad material) para volverse sabio a través de la experiencia, no para aplicar sabiduría a la experiencia. En ese sentido, no muchas cosas son no-espirituales. Toda experiencia es sagrada y significativa. La piedra de toque está en nuestro propio corazón.

2. El segundo ídolo: los estándares e ideales de la sociedad

Otro dios falso que nos separa de nuestra energía de alma original es la “sociedad”: los estándares y valores que controlan nuestro mundo social y que son transmitidos a  través de la crianza, educación y ambiente de trabajo. Muchos de los ideales de la sociedad tienen sus raíces en el miedo, en la necesidad de controlar y estructurar la vida de modo que llegue a ser un campo de juego hábilmente dispuesto.

Tratar de cumplir con tales estándares externos de conducta puede poner mucha presión sobre nosotros. Piensen en el miedo a “no encajar en”, no haber logrado lo suficiente, no ser lo suficientemente bello, no tener relaciones, etcétera. Al compararse con imágenes irreales de éxito y  de felicidad, la energía creativa se atasca y ya no nos sentimos más en casa en este mundo.

3. El tercer ídolo: compadecer a los demás y acompañar su sufrimiento

Hay otro dios falso y el cual tal vez sea el que más nos preocupa en la vida diaria. Es compadecer a otros seres humanos, compartir la carga con nuestros seres queridos, sufriendo junto con ellos. Ahora, nos podemos preguntar: ¿Cómo puede ser eso un ídolo? ¿No se supone que estoy conectado con los demás, especialmente con mis seres queridos, y que tengo que ayudarles si puedo? De lo que estoy hablando es de una tendencia que tenemos  a conectarnos tan profundamente con la gente que tenemos a nuestro alrededor, que somos arrastrados hacia su dolor, sus problemas y emociones negativas y así perdemos contacto con nuestro propio centro y paz interior. Esta clase de lástima y co-sufrimiento no es nuestro deber, no es provechoso para la otra persona y no es correcto desde un punto de vista espiritual.

Dando demasiado o inapropiadamente, malgastamos nuestra energía y nos encadenamos emocionalmente con aquél que estamos ayudando. Esto nos hace dependientes de la otra persona para su sensación de bienestar. Sus energías emocionales se confunden y ésta es una de las mayores causas de la pérdida de fuerza, vitalidad y conocimiento de uno mismo. Pocas cosas pueden descomponer nuestra energía tan fácilmente como la sensación persistente de deber, culpa y responsabilidad por alguien más.

Ayudar verdaderamente a alguien significa que ponemos nuestra energía al servicio de la solución del problema, no en el problema mismo. Para hacer esto necesitamos volvernos más grandes en lugar de más pequeños. Más independencia y conciencia de uno mismo irradie, más representaremos la “energía de la solución” y más podremos interesarnos por alguien más sin agotarnos. Si permanecen centrados y calmos, sin resonar con las emociones pesadas del otro, damos a conocer otro ángulo, otra forma de mirar el problema. Precisamente al no resonar con la energía del problema, podemos verter una  nueva luz sobre él.

La verdadera guía espiritual nunca involucra resolver el problema de alguien más. Más bien significa ser un faro de luz y de conciencia para ellos, quien les refleja sus problemas de un modo que les permite a ellos echar otra mirada sobre eso. Les permite a ellos ver significado y valor en el problema; les devuelve a ellos una sensación de libertad y de responsabilidad. No se trata de llevar las cargas de los demás o de hallar soluciones a sus problemas. Se trata de llevar la energía de la solución en nuestro propio ser y de compartirla abiertamente con los demás. Esa es la esencia de nuestra misión en la Tierra, la esencia de lo que significa traer luz, de dar “AMOR”.

Cuanto más nos liberemos de los falsos dioses que nos mantienen pequeños y temerosos, más viviremos una sensación de libertad y de rendición al corazón, y más el universo nos apoyará y nos proveerá los medios necesarios para dar fruto para seguir nuestra pasión.
 
(Fuente de este artículo: pagina web: El manantial de caduceo, sobre el tema  rendición y control).
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