EL DOLOR EN NUESTRAS RELACIONES


"El ego del ser humano desea tener siempre algo que se encuentre fuera de él y no le agrada la idea de tener que extinguirse para ser uno con el todo"

Que pasa cuando no nos hacemos responsables de nuestras decisiones y de la realidad que hemos creado, buscamos siempre un culpable fuera de nosotros del cual no tenemos control y que nos lleva a sentir un gran vacío, soledad y temor. Lo que nos facilita tener un foco externo culpable de todas nuestras desdichas y/o temores es poder juzgar a ese ser con gran frialdad, ya que le acusamos de no compadecerse de nosotros y no darnos lo que queremos.

En días pasados sostenía una conversación con un gran amigo, que me comentaba de como todo en su vida parecía desmoronarse, su salud, su trabajo y su vida familiar, principalmente su vida de pareja que se estaba viendo seriamente afectada; en mi ánimo de ayudarle pedí a Dios que me permitiera ser su instrumento para poder llevarle un mensaje de aliento y de esperanza.

Ya Dios por fortuna me había mostrado el camino "hacerme responsable de mi realidad" buscar la unicidad de mi ser, volcarme a hacia mi mundo interior y trabajar por mí, para así poder establecer relaciones amorosas, de respeto, aceptación e independencia; es así como recordé una interesante lectura que encontre y que quiero hoy compartir con ustedes sobre el tema de las relaciones y el dolor que a veces estas pueden producirnos; en realidad el dolor es el temor al rechazo, todo el dolor de las relaciones, debemos volverlo atrás hacia un dolor original no sanado.

Puede parecer que aquí estoy dando un enorme paso, porque en las relaciones hay toda clase de situaciones complejas que parecen indicar que la causa yace más cerca. Puede parecer que el dolor es provocado por algo que nuestra pareja ha hecho o no ha hecho. Puede parecer como si algo fuera de nosotros que nos causara el dolor. Y por lo tanto nosotros pensamos que la solución a nuestros problemas yace en el comportamiento del otro. Pero déjenme decirles: básicamente que nosotros estamos es trabajando en sanar un antiguo dolor dentro de nosotros mismos. Si nosotros no somos conscientes de esto, podemos fácilmente quedar enredados en problemas de relaciones que pueden ser extremadamente dolorosas.

Especialmente en las relaciones amorosas, nosotros con frecuencia tratamos de forzar una clase de unidad y de seguridad entre nosotros que se asemeje al estado de unidad que entendemos (externa). Subconscientemente, estamos tratando de recrear el sentimiento de estar envuelto confortablemente por un manto de amor incondicional y aceptación (Pareja).

Hay un niño dentro de nosotros que está clamando por esa aceptación incondicional. Sin embargo, si este niño pone sus brazos alrededor de la parte de niño de nuestra pareja para pedirle o expresarle nuestra necesidad de amor incondicional, muy a menudo esto da como resultado un abrazo sofocante que obstruye en ambos la genuina expresión propia.

Lo que sucede es que nosotros nos volvemos emocionalmente dependientes y vamos a necesitar el amor y la aprobación de otra persona para nuestro bienestar. La dependencia siempre crea cuestiones de poder y de control, porque cuando necesitamos a alguien para vivir es igual a querer controlar su comportamiento. Este es el comienzo de una relación destructiva. Entregar nuestra individualidad en una relación, guiado por un anhelo subconsciente de absoluta unidad, es destructivo para nosotros mismos así como también para la otra persona.

El verdadero amor entre dos personas muestra dos campos de energía que pueden funcionar en completa independencia uno del otro. Cada uno de ellos es una unidad en sí mismo y se conecta con el otro basándose en esa unidad.

En las relaciones en las cuales las parejas son dependientes entre sí, encontraremos una disputa no coordinada por la ‘integridad’: no querer o ser capaz de funcionar sin el otro. Esto conduce a un enredo de energías que pueden ser observadas como las parejas que se alimentan uno con otro. Ellos se alimentan con las energías aditivas de dependencia y de control. Esta clase de enredo energético indica que nosotros no tomamos responsabilidad de nosotros mismos, ya que no afrontamos nuestras heridas.

Heridas que solo nosotros podemos sanar. Si sólo nos hiciéramos cargo del dolor y tomáramos responsabilidad, veríamos que ya no necesitamos de algún otro para estar completo y nos liberaríamos del aspecto destructivo de la relación.

Un buen comienzo para sanarnos, es reconocer en nosotros que tenemos la actitud para lograrlo (la R.Jeffress: "La actitud es nuestra respuesta emocional y mental a las circunstancias de la vida"). Pero como lograr tener ACTITUD, en días pasados un gran amigo expreso que la forma de conseguirla es “Reconociendo que Dios está en nuestro corazón”, entregarnos a él con la confianza que todo saldrá bien y empezar trabajar por uno mismo, cumpliendo el mandamiento que Jesús nos enseñó: “Amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”



FRASE DE LA SEMANA:

"Sólo conozco dos tipos de personas razonables: las que aman a Dios de todo corazón porque le conocen, y las que le buscan de todo corazón porque no le conocen"

Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.

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