FE Y RAZON



Fe y Razón es una encíclica de Juan Pablo II, que dirige a toda la Iglesia sobre sus pensamientos referente a la Fe y la Razón; esta encíclica que llego a mi gracias a un amigo, en una charla sobre los paralelismos existentes entre la fe y la filosofía me refirió a esta encíclica; es así como surge para esta semana el resumen que presento a continuación y que es coincidente a la invitación de buscar la verdad y el crecimiento espiritual en uno mismo "en nuestro interior tema fundamental de este blog, de ahí su nombre "Volviendo al Corazón":

Resumen: "Encíclica Fe y Razón"

La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo.

Tanto en Oriente como en Occidente es posible distinguir un camino que, a lo largo de los siglos, ha llevado a la humanidad a encontrarse progresivamente con la verdad y a confrontarse con ella. Es un camino que se ha desarrollado — no podía ser de otro modo — dentro del horizonte de la auto conciencia personal: el hombre cuanto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su unicidad, le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia. Todo lo que se presenta como objeto de nuestro conocimiento se convierte por ello en parte de nuestra vida. La exhortación Conócete a ti mismo estaba esculpida sobre el dintel del templo de Delfos, para testimoniar una verdad fundamental que debe ser asumida como la regla mínima por todo hombre deseoso de distinguirse, en medio de toda la creación, calificándose como «hombre» precisamente en cuanto « conocedor de sí mismo.

“La verdad de la Revelación cristiana, que se manifiesta en Jesús de Nazaret, permite a todos acoger el « misterio » de la propia vida. Como verdad suprema, a la vez que respeta la autonomía de la criatura y su libertad, la obliga a abrirse a la trascendencia. Aquí la relación entre libertad y verdad llega al máximo y se comprende en su totalidad la palabra del Señor: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres » .

Las palabras del Deuteronomio se pueden aplicar a esta situación: « Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que no hayas de decir: ¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica? Ni están al otro lado del mar, para que no hayas de decir ¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica? Sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica »

“un camino nuevo para llegar a Dios. Este está más presente a nosotros mismos que nosotros mismos. En otras palabras, la inteligencia y la voluntad se constituyen en dos vías de trascendimiento para encontrar a Dios en uno mismo” (San Agustín de Hipona).


El fin último de la existencia personal, pues, es objeto de estudio tanto de la filosofía como de la teología. Ambas, aunque con medios y contenidos diversos, miran hacia este « sendero de la vida » (Sal 16 [15], 11), que, como nos dice la fe, “tiene su meta última en el gozo pleno y duradero de la contemplación: Del Dios, Uno y Trino”


No hay, pues, motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una tiene su propio espacio de realización. El libro de los Proverbios nos sigue orientando en esta dirección al exclamar: «Es gloria de Dios ocultar una cosa, y gloria de los reyes escrutarla»

Dios y el hombre, cada uno en su respectivo mundo, se encuentran así en una relación única. En Dios está el origen de cada cosa, en Él se encuentra la plenitud del misterio, y ésta es su gloria; al hombre le corresponde la misión de investigar con su razón la verdad, y en esto consiste su grandeza..

Con razón se considera que una persona ha alcanzado la edad adulta cuando puede discernir, con los propios medios, entre lo que es verdadero y lo que es falso, formándose un juicio propio sobre la realidad objetiva de las cosas.


"Partes tomadas de la encliclica Fe y Razon Juan Pablo II"



Frase de la Semana:

Cualquier camino es sólo tu camino y no es vergonzoso, ni para uno mismo ni para los demás, abandonarlo si así te lo dicta tu corazón... Observa detalladamente cada uno de los caminos. Ponlos a prueba tantas veces como creas necesario. Luego pregúntate a ti mismo, y sólo a ti mismo, lo siguiente: "¿Tiene corazón este camino?" Si lo tiene, el camino es bueno; si no lo tiene, no sirve para nada.
Carlos Catañeda.
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