NUESTRAS RAICES

“La exhortación Conócete a ti mismo estaba esculpida sobre el dintel del templo de Delfos, para testimoniar una verdad fundamental que debe ser asumida como la regla mínima por todo hombre deseoso de distinguirse, en medio de toda la creación, calificándose como «hombre» precisamente en cuanto -conocedor de sí mismo-”.

Pero como puedo ser conocedor de sí mismo?, las herramientas como la inteligencia y la voluntad se constituyen en dos vías de trascendimiento para conocer la verdad y encontrar a Dios en uno mismo (San Agustin de Hipona); nuestro ser ha sido el resultado hasta hoy de nuestras experiencias personales (parte psíquica) y por la misma evolucíón de la humanidad; evolución que se ha dividido en dos grandes corrientes culturales y religiosas como la occidental y oriental; el resumen que realice y que presento a continuación sobre el libro de Fritjof Capra "El Tao de la Física" ilustra estos tipos de pensamientos:


Nuestras Raices:

Las raíces de la física, como las de toda la ciencia occidental, se hallan en el primer período de la filosofía griega, en el siglo VI antes de Cristo, en una cultura en la que no existía separación alguna entre ciencia, filosofía y religión. Los sabios de la escuela de Mileto no se preocupaban de tales distinciones. Su finalidad era descubrir la naturaleza esencial, la constitución real de las cosas, que ellos llamaron "físis". El término "física" se deriva de esta palabra griega, y por lo tanto, inicialmente significaba el empeño por conocer la naturaleza esencial de todas las cosas.

Tales declaró que todas las cosas están llenas de dioses y Anaximandro vio el universo como una especie de organismo sostenido por el "neuma" o aliento cósmico, del mismo modo que el cuerpo humano está sustentado por el aire.

Heráclito enseñó que todos los cambios que se producen en el mundo ocurren por la interacción dinámica y cíclica de los opuestos, y consideraba que todo par de opuestos formaba una unidad. A esa unidad, que contiene y trasciende a todas las fuerzas opuestas, la llamó el Logos.

Unidad que comenzó a resquebrajarse con la escuela de Elea, la cual asumió la existencia de un principio divino que prevalecía sobre todos los dioses y los hombres.

Inicialmente se identificó a este principio con la unidad del universo, pero luego se consideró que era un dios inteligente y personal que gobierna y dirige al mundo. Así comenzó una tendencia de pensamiento que llevó finalmente a la separación entre espíritu y materia, y a un dualismo que se convirtió en la característica de la filosofía occidental.

Una vez que la idea de la separación entre espíritu y materia hubo arraigado, los filósofos, en lugar de hacia el mundo material, volcaron su atención hacia el mundo espiritual, hacia el alma humana y hacia los asuntos de la ética y la moralidad.

Estas cuestiones ocuparon el pensamiento occidental durante más de dos mil años, a partir de la culminación de la ciencia y la cultura griegas que tuvo lugar en los siglos V y IV antes de Cristo.

Aristóteles creía que las cuestiones relativas a la perfección del alma humana y a la contemplación de Dios eran mucho más importantes que las investigaciones sobre el mundo material.

El nacimiento de la ciencia moderna fue precedido y acompañado por una evolución del pensamiento filosófico que llevó a una formulación extrema del dualismo espíritu-materia. Esta formulación apareció en el siglo XVII en la filosofía de René Descartes.

La filosofía de Descartes no sólo tuvo su importancia en el desarrollo de la física clásica, sino que además ejerció una influencia tremenda sobre el modo de pensar occidental, hasta nuestros días. La famosa frase de Descartes "Cogito ergo sum" -pienso, luego existo-, llevó al hombre occidental a considerarse identificado con su mente.

La mente fue separada del cuerpo y se le asignó la fútil tarea de controlarlo, causando así un aparente conflicto entre la voluntad consciente y los instintos involuntarios. Cada individuo fue además dividido en un gran número de compartimentos separados, de acuerdo a sus actividades, sus talentos, sus sentimientos, sus creencias y así sucesivamente, generándose de este modo conflictos sin fin, una gran confusión metafísica y una continua frustración.

La división cartesiana y el concepto mecanicista del mundo han sido al mismo tiempo benéficos y perjudiciales.

Fueron benéficos para el desarrollo de la física y de la tecnología clásica, pero han tenido muchas consecuencias adversas para nuestra civilización.

Contrastando con el concepto mecanicista occidental, la visión oriental del mundo es "orgánica". Para el místico oriental todas las cosas y los sucesos percibidos por los sentidos están conectadas e interrelacionadas, y no son sino diferentes aspectos o manifestaciones de una misma realidad última. Nuestra tendencia a dividir el mundo que percibimos en cosas individuales y separadas y a vernos a nosotros mismos como egos aislados se considera como una ilusión, creada por nuestra mentalidad medidora y clasificadora.

En la filosofía budista se le llama avidya o ignorancia, y es considerada como un estado mental confuso que se debe superar.

La imagen oriental de la divinidad no es la de un gobernante que dirige al mundo desde lo alto, sino la de un principio que controla todo desde dentro:
Aquél que habita en todas las cosas, y sin embargo es diferente a ellas, a quien ninguna cosa conoce, cuyo cuerpo son todas las cosas, que controla todo desde dentro. El es tu alma, el Controlador Interno, el Inmortal. “DIOS”

Frase de la Semana

SABER Y VER

¡De lo irreal, llévame a lo real!
¡De la oscuridad, llévame a la luz!
¡De la muerte, llévame a la inmortalidad!

Brihad-aranyaka Upanishad
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