DE LA TRANSICION DEL EGO AL CORAZON



El gran terapeuta que fue Carl Gustav Jung revolucionó el paradigma mecanicista de la psicología, recalcando la importancia del inconsciente por sobre la del consciente, lo misterioso en lugar de lo conocido, lo místico en lugar de lo científico, lo creativo en lugar de lo productivo y lo religioso en lugar de lo profano.

Uno de sus conceptos claves es el «inconsciente colectivo», fundamento del inconsciente personal, y que vincula al individuo con el conjunto de la humanidad. Descubrió que en los sueños y los mitos subyacen elementos de este inconsciente colectivo que él denominó «ARQUETIPOS».

De la amplia gama de Arquetipos existentes, cinco de estos son los que han alcanzado un desarrollo superior a cualquier otro: Ánima (relación niño con la madre), Animus (relación niña con el padre), Ego, Sombra, Si-mismo "Dios".

"EL EGO": En el artículo de la semana anterior terminaba este, plasmando el gran dolor que sentí al darme cuenta de la forma como actúo “con rigidez y prevención”; dolor del cual he sido el único creador y responsable, de igual forma en este articulo anterior me referí a un compromiso de trabajo que recojo en la expresión: “Mi niño interior está esperando que logre liberarme de las garras de mi EGO, para que así me libere de mis miedos y ataduras” - Rigidez y Prevención-. Sé que no es un camino fácil; es un camino que deberá llevar a la luz muchas de las sombras de mi realidad creada, pero ya he decido emprender este; voy con confianza ya que Dios es mi guía y mi luz.

Para los fines que me propongo pasar de una “CONCIENCIA BASADA EN EL EGO A UNA CONCIENCIA BASADA EN EL CORAZON”, tomare otra definición del "EGO" que encontré: "Considerare al ego como la idea que cada uno de nosotros tiene de sí mismo. Es decir, que el ego no constituye más que una idea, una ilusión, pero una ilusión que ejerce gran influencia en mi ser. El problema es que mantener esta ilusión puede impedirme conocer mi verdadero yo, y su esencia espiritual.

A la inmensa mayoría de las personas no nos interesa "lo que es", sino "cómo se nos ven" o, qué calidad de imagen proyectamos. Nos interesa la imagen más que la objetividad. Y así, los hombres nos lanzamos a participar en una carrera de las apariencias, de cómo lograr la mejor impresión en un combate en el que a los seres humanos nos interesa ser, sino parecer.

El Espíritu siempre ha sido esquivo. Hemos sido esquivos (as) al Espíritu; Pero El Ser - o Espíritu -, nos sostiene a todos, es nuestra fuente de aliento y vida y, sin embargo, es algo sobre lo cual nuestros padres, maestros y guías religiosos nos enseñaron muy poco. San Juan en su evangelio nos dice: "Ya estaba en el mundo, este mundo que no lo reconoció. Vino a su propia casa y los suyos no lo recibieron".

Cuando el ego dispone sobre el Ser “Espíritu”, el ego nos presenta una imagen distorsionada de la realidad. El ego desequilibrado siempre está persiguiendo el poder y control y en esta luz interpretará todos los hechos como positivos o negativos.

Es bastante instructivo descubrir nuestras propias motivaciones basadas en el poder y control en nuestro andar diario. Tratemos de observar cuán a menudo nosotros queremos atar cosas o personas a nuestra voluntad, incluso si es por una causa noble. ¿Cuán frecuentemente nosotros nos fastidiamos porque las cosas no van a nuestro modo?.

Bajo la bandera del ego, nosotros podemos ser tanto dulces como maliciosos, tanto como los que damos como los que tomamos, tanto dominantes como serviles. Cuando nosotros somos condescendientes y dulces por ejemplo, y tratamos de no herir nunca los sentimientos de algún otro. Hay una necesidad de control detrás de este comportamiento. “Porque quiero que tú me quieras, no estaré nunca en contra tuyo”. Esta línea de pensamiento está basada en el miedo. Es miedo de depender de nosotros mismos, miedo de ser rechazados o abandonados. Lo que parece ser dulce y agradable en realidad es una forma de abnegación. Esto es el ego trabajando.

Mientras el ego gobierne nuestro ser para sentirnos bien, necesitaremos alimentarnos a sí mismos con la energía de otros. Sin embargo, el mundo que nos rodea de otros seres no es fijo o estable. Ya que nosotros nunca podemos confiar en la fidelidad permanente de aquél en quien nosotros confiamos, sea nuestra pareja, padres, hijos, jefes, amigos etc. Esto es lo que nosotros tenemos que ‘trabajar’ todo el tiempo, estar siempre en vigilancia de "las porciones de aprobación que recibimos". Esto explica el estado de tensión y nerviosismo de la mente en el que permanentemente se encuentra cualquiera de nosotros que estemos atrapados en la etapa del ego.

El EGO trata de convencernos de que nosotros estamos separados de Dios, de nuestra superioridad respecto de otros, y de que somos "especiales". Él quiere que nosotros nos sintamos ultrajados cuando recibimos un trato incorrecto, cuando nos insultan, cuando no nos acarician; ofendidos cuando no nos salimos con la nuestra, heridos cuando perdemos en una competición.

Vivir conforme a lo que dispone el ego es muy represivo. Nosotros estamos sirviendo a un pequeño – temeroso- dictador que aspira al poder y al control, no solo sobre su entorno, sino específicamente sobre nosotros.

Una vez que el “SER” experimenta el vacío y la duda que es tan característico del final de la etapa del ego, es posible encontrar y enfrentar todos los sentimientos y emociones que antes estuvieron escondidos en la oscuridad. Estos sentimientos y emociones contenidos son la puerta de entrada a nuestro Ser superior.

Explorando lo que nosotros realmente sentimos, en lugar de lo que se supone que debamos sentir, nosotros recuperaremos nuestra espontaneidad e integridad, esa parte de nosotros que a menudo es llamada su “NIÑO INTERIOR”. Tomando contacto con nuestros verdaderos sentimientos y emociones y que nos colocaran en el camino de la liberación. LA TRANSICIÓN A LA CONCIENCIA BASADA EN EL CORAZÓN HA COMENZADO ENTONCES.


FRASE DE LA SEMANA:

Estoy convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir.

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.

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