EL CIELO LO ENTENDERÁ


Carta de Santiago (Partes, del Capítulo 1, del 12 al 26)

Feliz el hombre que soporta la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman. Ninguno, cuando sea probado, diga: "Es Dios quien me prueba"; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie. Sino que cada uno es probado por su propia concupiscencia (En la teología cristiana, se llama concupiscencia a la propensión natural de los seres humanos a obrar el mal, como consecuencia del pecado original) que le arrastra y le seduce. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.

Tenedlo presente, hermanos míos queridos: Que cada uno sea diligente para escuchar y tardo para hablar, “TARDO PARA LA IRA”. Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

La parte anterior de la carta de Santiago e introductoria a este artículo, es propicia para el tema que quiero trabajar esta semana en este querido blog. Tema de trabajo que se refiere a la ira que muchas veces expresamos contra nuestro prójimo, contradictorio lo anterior si decimos que aceptamos el segundo mandamiento que Jesús nos enseñó, Amar a tu prójimo como a ti mismo.

Pero cuando lanzamos vituperios con otros, con qué facilidad lo hacemos contra aquellos que nos han ofendido o maltratado. Nos ayuda mucho al lanzar ofensas de gran calibre a aquellos que consideramos nuestros enemigos, si nos han permitido conocer algún aspecto de su vida que consideremos oscuro y mejor aún si estos aspectos conocidos por suerte están clasificados por la sociedad política, religiosa o civil como “Seres de Tercera”.

Pero qué tal si hacemos el siguiente ejercicio, veamos a todo ser que por diferentes circunstancias llegan a nuestras vidas, así sean para atropellarnos como una extensión de nosotros mismos, como un reflejo de un aspecto nuestro, sería entonces los seres que tenemos cerca como un espejo en el que podemos vernos. La pregunta que surge entonces seria, ¿Qué trato nos devolveríamos?, ¿estaríamos dispuestos vengarnos de nosotros mismos por nuestras actuaciones con ofensas de gran calibre o hasta con deseos de violentarnos con la fuerza o los golpes?

Fácil sería la respuesta para la mayoría de personas a las anteriores preguntas, ya que responderíamos que no estaríamos dispuestos a hacernos o decirnos nada que nos causara dolor. Caminaríamos entonces hacia el camino del amor. ¿Pero como hacer del amor algo realmente verdadero?, podríamos empezar por entender que el amor es el sistema creado por Dios. Entonces si aceptamos este sistema y retornamos a nuestro ejercicio anterior, podríamos decir, que cuando cambiamos nuestro lenguaje y decimos a los seres que tenemos cerca, incluso a los que nos ofenden que los perdonamos y que los amamos, verdaderamente nos lo estaríamos diciendo a nosotros mismos. Pero ahora tratemos de entender ¿qué es el amor por nosotros mismos?

Podríamos decirnos una declaración de “AMOR” que verdaderamente nos permita aceptarnos nada más y nada menos como realmente somos, por ende aceptaríamos nada más y nada menos de las otras personas por lo que realmente son, y no trataríamos de cambiarlos, respetaríamos las diferencias, perdonaríamos las ofensas, y no los juzgaríamos.

En otras palabras, si decimos “TE AMO” a otra persona, podría ser tu esposa, esposo, novio, novia, a un amigo, a quien sea, al decirle te amo nos daríamos cuenta de que ese “TE AMO” que estaríamos diciendo es un “TE AMO” para nosotros mismos, y que cuando lo estamos diciendo seria entonces una declaración a nosotros mismos de que si vemos o nos damos cuenta de que nos estamos deshonrando a través ser violentos o actuando con ira con nosotros mismos (prójimo) vamos a intervenir, para buscar dirigirnos apropiadamente dentro de nuestro mundo tal como Jesús nos lo enseño “Amando a tu prójimo como a ti mismo”. Esto se convertiría en una verdadera declaración de “AMOR”.

Repitamos constantemente TE AMO, “podemos tener defectos, vivir ansiosos y estar irritados algunas veces, pero no olvidemos que nuestras vidas es la mayor empresa del mundo. Encontremos nuestra fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros. Valoremos no solo la sonrisa, sino también reflexionemos sobre la tristeza. Reconozcamos que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y períodos de crisis. Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista de quien sabe viajar para dentro de su propio ser”. Agradezcamos a DIOS cada mañana por el milagro de la vida. Jamás desistamos de ser felices, pues la vida es un espectáculo imperdible.


Palabras de la Semana:

Te digo: “SAWABONA”
Y la respuesta es: “SHIKOBA”

Lo anterior es un saludo utilizado en el Sur de África, donde cuando se saluda diciendo “Sawabona” se dice “Yo te respeto, Yo de valoro, Y Tu eres importante para mí”.

Cuando se responde, “Shikoba” se está diciendo “Entonces Yo existo para ti”
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