¿HA QUIEN TRATAMOS DE CONVENCER?

El título de este artículo ¿A quién queremos convencer? Surge como resultado de una conversación que tuve esta semana con dos personas muy cercanas. Hablábamos de Dios, del Amor, En la discusión que se generó se trataron temas muy importantes y uno particularmente llamo mi atención; y es las aseveraciones que muchas veces escuchamos de personas sobre quien se ha condenado, o quien se condenara, así como quien se ha salvado o quienes se salvaran, aseveraciones que les da la convicción de ser buenos y conocer la verdad, que además se complementa con la religión que profesan y que consideran como la única que lleva a la salvación. Mi aporte a esta conversación me remitió a una cita de un libro que me impacto en su momento, y que hoy recojo, siendo esta:

Una conocida frase zen dice: "En el instante en que se habla de una cosa, se yerra el blanco".

Los místicos orientales insisten una y otra vez sobre el hecho de que la realidad última nunca podrá ser objeto de razonamiento ni de conocimiento demostrable. Nunca podrá ser adecuadamente descrita en palabras, porque está más allá del reino de los sentidos y del intelecto, del que se derivan todas nuestras palabras y conceptos. Acerca de esto dicen los Upanishad: Allí no llega el ojo. No va la palabra, ni la mente. No lo conocemos, no lo entendemos. ¿Cómo podría uno enseñarlo?

El hecho -evidente si leemos los periódicos- de que la humanidad, a pesar del prodigioso incremento experimentado por el conocimiento racional, no se ha hecho mucho más sabia durante los últimos dos mil años, constituye una clara evidencia de la imposibilidad de comunicar el conocimiento absoluto por medio de las palabras.

Como dijo Chang Tzu: "Si fuera posible hablar de ello, todo el mundo se lo habría dicho a su hermano"

Como entonces sentar una posición sobre una afirmación con la que no estamos de acuerdo, como poder creer que nuestras palabras pueden convertirse en la verdad, que pueden convencer a alguien para que cambie de posición, no lo sé, y creo que ningún ser humano lo pueda hacer, además creo que por mucho que digamos, si no es para convencernos nosotros mismos, no vale la pena. Mas si me convenzo cada día sobre lo más importante que he escuchado en lo corrido de mi vida, y que lo escuche del más grande maestro que ha existido: “Amar a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo”.

A Dios sé que lo amo con todo mi corazón, me rindo ante él, y le pido que me conceda entregarme a Él cada día con más convicción; en cuando amar a mi próximo, vale la pena hacer este trabajo; trabajo que empieza por uno mismo, cuando uno es capaz de amarse, de no juzgarse, de no etiquetarse, de aceptarse. La aceptación empieza por entender que muchas de las personas que se nos cruzan en el camino, llegan a nuestras vidas para mostrarnos aspectos nuestros, los cuales debemos abrazar para poder llevar luz a la oscuridad, y poder sanarnos.

Un día, nos vemos confrontados en conversaciones donde surgen posiciones que nos muestran como juzgar al prójimo condenándolo o salvándolo, una semana anterior podemos vernos envueltos en discusiones sobre como vengar el mal trato recibido, como por ejemplo calumnia o difamaciones. Dos horas después estamos en una reunión de negocios donde nuestro proveedor se empecina en mostrar que su competencia nos trata de timar, y que él es el único que vela verdaderamente por nuestros intereses. Al día estamos sentados con una amigo, donde nos habla de su dolor por una infidelidad, y que aunque perdona nunca olvidara. Alto, hagamos un paro en el camino, retomemos lo dicho anteriormente, estas conversaciones que nos llegan de diferentes personas son para mostrarnos aspectos nuestros. Como sanarnos, no rechazándonos o repudiándonos (Con la Oscuridad), solo lo logramos cuando nos abrazamos con compasión, con amor (Con la Luz).

Así, entonces cuando llevamos luz a la oscuridad, nos damos cuenta que muchas veces hablamos desde el temor, desde el miedo; recordemos no tomar la posición contraria, ya que al irnos al otro extremo, de igual forma estaríamos polarizados (divididos). Integremos en nuestro ser las polaridades, la Luz y la oscuridad, puede surgir entonces, como escribí alguna vez: que dejemos en manos de Dios nuestra salvación y no especulemos, y esto será muy buena señal; que perdonemos las calumnias (no tómenos retaliaciones), las infidelidades las perdonemos y olvidemos de corazón, no señalemos tan severamente y nos creamos los únicos buenos, todo lo anterior será una muy, muy buena señal.

Respondo entonces, ¿A quién quiero convencer?, sé que no es a mi hermano (A Díos, mi padre le corresponde); Mi trabajo es convencerme a mí, para poder pasar de un cuerpo enfermo a un cuerpo nuevo “Para vino nuevo, odres nuevos” (Ahora, entiendo lo de la imagen de la película de avatar en este articulo).



Frases de la Semana:

"En el instante en que se habla de una cosa, se yerra el blanco". Frase Zen.

"Si fuera posible hablar de ello, todo el mundo se lo habría dicho a su hermano" Sabio Chang Tzu.




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