VIVIR DESDE EL CORAZON "ETERNO PRESENTE"

Para el logro del objetivo “Vivir desde el corazón”, retomaría dos tácticas importantes, La primera despertar al amor y segundo que efectivamente anhelemos la totalidad con la la paz, la seguridad, el gozo que brindan, es efectivamente poder sentir la unidad con “Dios, uno y trino”.

En la búsqueda de la trinidad, solo el despertar individual al corazón “Amor” puede lograrlo, bien expreso San Juan de la cruz cuando dijo "Y ahora te despiertas en mi corazón, donde en secreto moras", Pero en su comentario él se corrige a sí mismo y dice que no fuiste "tú" quien se despertó, sino que fui yo quien despertó al amor siempre presente y siempre a mi alcance. Que sabiduría y que gran verdad encierran las anteriores palabras, así como las expresadas por un sin número de sabios y maestros en el trascurso de la humanidad, como Padmasambhava cuando describió así la luminosidad “Unidad”:

“Esta Luz Clara originada por sí misma, que desde un principio no ha nacido jamás, es hija de Rigpa, a su vez carente de padres; esta sabiduría originada por sí misma no ha sido creada por nadie; nunca ha nacido ni hay nada en ella que pueda causarle la muerte; aunque es visible, no hay nadie que la vea; aunque ha vagado por el samsara, no ha sufrido ningún daño; aunque ha visto la budeidad, no le ha venido ningún bien; aunque existe en todos en todo lugar, no ha sido reconocida; Y tú todavía esperas alcanzar algún fruto distinto en otra parte; Aunque es lo más esencialmente tuyo, la buscas en otra parte; ¡qué asombroso!”. Y que tal estas otras palabras expresas por San Agustín “Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Tú estabas adentro y Yo afuera. Y yo te buscaba por fuera y Tú estabas adentro".

Asombroso de igual forma cuando nos abrimos al Espíritu, a la unidad, a lo que esencialmente nuestro, es así entonces cuando vivimos desde el corazón cuando nosotros encontramos un lugar de paz y tranquilidad dentro de nosotros mismos. Viviendo desde el amor con frecuencia entramos en contacto con el silencio en nuestro corazón y así sabemos que es lo eterno. Todo lo que experimentamos es relativo comparado con este Ser ilimitado que todo lo abarca.

Este lugar de paz y silencio dentro de nosotros también es llamado Espíritu. En nuestras tradiciones, se hace una distinción entre espíritu, alma y cuerpo. El cuerpo es la morada física del alma por una cantidad de tiempo limitado. El alma es el ancla no física, psicológica de la experiencia. Ésta lleva la experiencia. El alma se desarrolla a través del tiempo y lentamente llega a ser una piedra de belleza de muchas caras, cada cara reflejando un tipo diferente de experiencia y el conocimiento basado en ella. El espíritu no cambia ni crece con el tiempo.

El espíritu está fuera del espacio y del tiempo. El espíritu en nosotros es nuestra parte eterna, sin tiempo que es Uno con el Dios quien nos creó. Es la divina conciencia que es la base de nuestra expresión en el espacio y el tiempo. Nosotros nacimos entonces desde un reino de pura conciencia, y nosotros tomamos parte de esa conciencia para a través de todas nuestras manifestaciones en forma material. El alma forma parte de la dualidad. Ella es afectada y transformada por su experiencia en la dualidad. El espíritu está fuera de la dualidad. Es el fondo sobre el cual todo se desarrolla y evoluciona.

El Silencio, externo pero esencialmente interior, es la mejor entrada para experimentar esta energía siempre presente, la cual somos nosotros en nuestros núcleos más profundos. En silencio, nosotros podemos entrar en contacto con la cosa más milagrosa y manifiesta que existe: Dios, Espíritu, Fuente, Ser.

El alma puede estar traumatizada por ciertas experiencias y por lo tanto puede permanecer en un lugar de oscuridad por algún tiempo. El alma está continuamente evolucionando y ganando conocimiento de la dualidad inherente a la vida en la tierra.

El espíritu es el punto inamovible dentro de este desarrollo. El alma puede estar en un estado de oscuridad o iluminación. No así el espíritu. El espíritu es puro Ser, pura conciencia. Está tanto en la Oscuridad como en la Luz. Es la Unidad sujetando toda la dualidad. Cuando nosotros hemos llegado a la etapa de la transformación del ego al corazón, nos conectamos con el Espíritu. Nosotros nos conectamos con nuestra Divinidad.

Estar conectado con Dios dentro de nosotros es como estar fuera de la dualidad mientras se está completamente presente y centrado. En este estado, nuestra conciencia está llena de un éxtasis profundo pero tranquilo; una mezcla de paz y alegría. Nos damos cuenta de que no somos dependientes de nada que esté fuera de nosotros. Somos libres. Estamos completamente en el mundo pero no somos del mundo.

Estar conectado con el espíritu dentro de nosotros no es algo que ocurre definitivamente. Es un proceso lento y gradual, en el cual nosotros nos conectamos, nos desconectamos, y nos volvemos a conectar........ Gradualmente, el foco de nuestra conciencia se mueve de la dualidad a la unidad. Se re orienta a sí misma, descubriendo que eventualmente, es conducida al silencio más que a los pensamientos y las emociones. Por silencio quiero decir: estar completamente centrado y presente.

La llave para conectarse con nuestro Espíritu es comprender. Comprender que es el silencio lo que los lleva a casa, no nuestros pensamientos o emociones. Esta comprensión crece lentamente, a medida de que somos cada vez más conscientes del mecanismo de nuestros pensamientos y sentimientos. Nosotros nos liberamos de viejos hábitos y nos abrimos a la nueva realidad de la conciencia basada en el corazón. La conciencia basada en el ego dentro de nosotros se marchita y lentamente muere.

Morirse no es algo que nosotros hagamos; es algo que nosotros permitimos que suceda. Nosotros nos entregamos a sí mismos al proceso de morir. La muerte es otra palabra para el cambio, Durante nuestra vida, nosotros tenemos miedo no solo a nuestra muerte física, sino también de morir emocionalmente y mentalmente. Pero sin la muerte (cambio), las cosas se volverían fijas y rígidas. Nosotros pasaríamos a estar cautivos en viejas formas: un cuerpo gastado, formas de pensamiento anticuadas, reacciones emocionales limitadas. ¿No es esto sofocante? La muerte es un liberador. La muerte es una cascada de agua fresca que abre por la fuerza portones viejos y nos impulsa a nuevas áreas de experiencia.

El Espíritu es silencioso y perenne y aún creativo. La realidad de lo Divino realmente no pude ser captada por la mente. Solo puede ser sentida. Si nosotros lo aceptamos dentro de nuestra vida, y lo reconocemos como los susurros de nuestro corazón, lentamente todo comienza a colocarse en su lugar. Cuando estamos sintonizados con la realidad del espíritu, con la conciencia silenciosa que está detrás de todas nuestras experiencias, dejamos de empujar o forzar nuestros deseos sobre la realidad. Nosotros permitimos que las cosas retrocedan a su estado natural de ser. Todo esto sucede de manera armoniosa, significativa. Experimentan entonces que las cosas se juntan de un modo que tiene un ritmo natural, un flujo natural. Todo lo que tenemos que hacer es estar sintonizado con este ritmo divino, y soltar el miedo y las malas interpretaciones que hacen que nosotros queramos intervenir.

Vivir desde el corazón, consiste en trascender el nivel del alma y elevarse al nivel del espíritu. No quiere decir de ningún modo que el alma sea menos que el espíritu, por supuesto. La verdad es que: nosotros somos más grandes y más amplios que nuestra alma. El alma es un vehículo para la experiencia. Al identificarnos con el Espíritu, con nuestra propia divinidad, todas las cosas que hayamos experimentado en nuestra vida, se colocan en su lugar. Nosotros nos elevamos sobre las experiencias (nos damos cuenta que nada nos determina) al no identificarnos con ninguna de ellas. Esto tiene un efecto curativo sobre el alma. .........entonces alcarzar un eterno presente, es vivir desde el corazón.

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