PRESENTE DE LAS COSAS PRESENTES (VISION)


“Pero lo que ahora es claro y manifiesto es que no existen los pretéritos ni los futuros, ni se puede decir con propiedad que son tres los tiempos: pretérito, presente y futuro; sino que tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las cosas futuras. Porque éstas son tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella yo no veo que existan: presente de cosas pasadas (la memoria), presente de cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación)” con las anteriores palabras de San Agustín de Hipona terminaba el artículo de la semana anterior. Palabras que retomo esta semana como parte introductoria de este artículo.

Y es que precisamente en el texto del libro “Confesiones” San Agustín termina con la anterior conclusión después de un gran análisis de la existencia de los tres tiempos que conocemos hoy: Pasado, Presente y Futuro. En sus reflexiones, demuestra como el tiempo futuro no existe, pues no ha ocurrido; el pasado deja de existir una vez pasa a ser pasado el presente; dejándonos lo anterior solamente con el presente, presente que esta dado solamente por la conformación de espacios de ocurrencia (Visión).

¿Pero que es verdaderamente el presente? En física se denomina presente de un suceso A, a todos los puntos del espacio-tiempo que no pertenecen ni al pasado ni al futuro del punto A. Es decir, todos los puntos que no pueden influir en lo que ocurre en P (Pasado) ni ser influidos por lo que ocurre en F (Futuro).

Retomare a mi manera para entender un poco más sobre el presente la definición dada por la física vs la presentada por San Agustín, para hacer la siguiente fusión tomare entonces el suceso A (De la física) y lo representare con algunas de las formas que tenemos hoy para medir el tiempo, siendo estos: los meses, si por ejemplo nos ubicamos en el mes actual (Agosto), diríamos que este es el presente, los siete meses ya transcurridos son el pasado, y los meses de Septiembre a Diciembre son el futuro; con los días: si nos ubicamos en el día de hoy, el trece de agosto será entonces el presente, los días del uno al doce son el pasado y del catorce al treinta uno de agosto son el futuro, lo mismo podríamos hacer con las veinticuatro horas que conforman el día, con los sesenta minutos de la hora ó con los sesenta segundos del minuto.

Quedamos entonces con el segundo, tiempo muy breve, pero que aún puede dividirse por infinidad de espacios más pequeños, que aunque no los conozcamos no significan que no existan. Y es en los anteriores pequeños espacios donde surgen los eventos que parecen vienen del futuro al presente y con gran inmediatez se convierten en pasado.

Entonces, las palabras de lo que se nos presenta en el primer párrafo de este articulo toman una gran validez: “sino que tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las futuras.

Es el presente lo único que tenemos, el lo eterno, el gran regalo que Dios nos da por ser sus hijos, regalo que muchos de nosotros no entendemos, apreciamos y no recibimos.

Si, no lo recibimos cuando vivimos en el presente, aferrados al presente pasado (a nuestra memoria). Memoria que nos distrae con recuerdos, a veces de momentos felices (apegos), a veces a culpas, rencores, vanidades, a veces a nuestros complejos: la parte que se hirió, frustró y extravió y que no somos capaces de sanar con amor, con aceptación y con toda nuestra comprensión para dejarla descansar en paz, ó es también cuando vivimos nuestro tiempo presente, aferrados al presente futuro, donde muchos de nosotros nos pasamos la vida planeando y deseando un presente futuro mejor, idealizando, ó con unas expectativas de lo que sería una vida plena como de cuentos de hadas.

Lo anterior debería entonces permitirnos reconocer que si permanecemos centrados, neutros lograríamos recibir el gran regalo que nos ha sido dado por nuestro padre “Dios”, nos permitiría vivir en un eterno presente. He tratado de encontrar la forma de poder lograrlo, y me he dado cuenta que no soy yo el que puede hacerlo, Solo Dios puede permitirnos recibir tan grande beneficio (Vivir presente de cosas presentes “Visión”).

Hace ya casi cerca de dos años empecé a leer la Biblia, lo primero que leí y que me causo gran impacto fue el libro de la sabiduría y en especial la parte final del capítulo 8 que dice: (Capitulo 8, 17 – 21): “Cuando reflexione sobre todo esto, comprendí que la inmortalidad consiste en tener parentesco con la sabiduría y su amistad un gran gozo, por eso me puse a buscarla para llevarla conmigo. Yo era un niño bueno por naturaleza, que había recibido un alma buena, o más bien siendo bueno entre en un cuerpo puro. Pero vi que no podía alcanzar la sabiduría a Dios no me la daba, y ya era señal de inteligencia saber quién era el que concedía tan grande beneficio. Entonces me dirigí al Señor y le suplique de todo corazón, ver el capítulo 9 del libro de la sabiduría “Oración para alcanzar la sabiduría”.

Señor, hoy retomo la oración y meditación para pedirte que me muestres el camino, permíteme reconocer y vivir en el suceso A (Presente –Visión). Donde mis aspectos de la oscuridad (Memoria – expectación), puedan ser con tu ayuda abrazados y rodeamos con el mayor amor y comprensión para que cese su fuerza y se permitan descansar.

Aspectos de oscuridad, que igual que San Agustín he experimentado constantemente y más en estos días, y que bien se expresan en las siguientes palabras “De este modo las dos voluntades mías, la vieja y la nueva, la carnal y la espiritual, luchaban entre sí y discordando destrozaban mi alma. Así vine a entender por propia, experiencia lo que había leído de cómo la carne apetece contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, estando yo realmente en ambos (…..)”.

Lucha que se convierte en la oscuridad y que se nos presentan con las tentaciones que nos hacen errar en el blanco cuando cedemos ante ellas; estas tentaciones que se nos muestran de diferentes formas, y representadas en personas muy cercanas o otras que llega a nuestras vidas, mostrándonos los aspectos que más rechazamos: como las venganzas, la rabia, los celos, la facilidad de juzgar, la mentira, la codicia, la avaricia, el deseo, el placer, el dolo, la pereza, el miedo, el poder, etc.

Una cosa si se, y es que disponemos de todas las gracias, o sea, toda la ayuda necesaria de parte de Dios para vencer cada una de las tentaciones que la sombra o sombras nos presentan a lo largo de nuestra vida. Nadie, en ningún momento de nuestra vida, es tentado por encima de las fuerzas que Dios dispone para esa tentación.

Solo el AMOR puede conciliar las dos polaridades: “ La carnal y la espiritual, que luchaban entre sí y discordando destrozando mi alma. Así vine a entender por propia, experiencia lo que había leído de cómo la carne apetece contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, estando yo realmente en ambos”; la luz y la oscuridad; cuando nuestro inconsciente se manifiesta a nuestra parte consciente este se expande, la sombra deja entonces de pulsar para impedir la revelación, porque la consciencia del AMOR agota a la oscuridad y la sombra pierde poder. Este es el final de los tiempos el ETERNO PRESENTE (VISION); entonces ya hay más diablo ó diablos; es decir ya no hay culpas. Ya que la culpa surge cuando no somos capaces de aceptar la oscuridad.

La culpa es un estado de disputa entre quienes somos y la idea que tenemos de cómo deberíamos ser. No queremos aceptar que sólo hacemos lo que podemos. Nadie ignora que pretender actuar siempre como "deberíamos" es una batalla perdida de antemano que consume nuestra energía y nos conduce a la amargura. Cuando un hombre se cristifica acepta la culpa, es decir, su naturaleza humana, (entiende que vivir a este lado implica liberarse de la culpa, la supera).

Así, pues que el camino sea rendirnos al AMOR para que pueda hacer el trabajo de conciliación de las polaridades, y así cerrar el ciclo de trinidad que verdaderamente permite la totalidad. Vivir las cosas presentes en un terno presente.

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