LA REVELACION DE DIOS EN CADA UNO DE NOSOTROS



En este articulo continuo expresando los hechos maravillosos que acontecen en cada instante; atisbos de milagros y que suceden cuando estamos atentos a ellos. En la semana que termina he podido reflexionar con varias personas sobre nuestra verdadera naturaleza y  la forma de estar conscientes de ella; la forma es cuando nos volcamos hacia nuestro interior. Repetidamente el “AMOR” por medio de este Blog nos hace la invitación a trabajar por nuestro Ser.

Trabajar por nuestro ser incluye nuestra parte física, mental y espiritual. Trabajar por estos diferentes cuerpos que tenemos solo lo conseguimos cuando lo hacemos desde el “AMOR”. Este nos permite aceptar nuestro cuerpo, reconocer su grandeza y perfección, no queremos hacerle daño con excesos o adiciones como las drogas,  o el alcohol. En nuestra mente, para trabajar por ella tenemos que conocer las partes que la conforman, tanto  el consciente como  el subconsciente, además  entender  el mundo de la dualidad en que se desarrolla (La luz y la oscuridad “Yin y el Yang). Conocer nuestra mente es hacernos responsables únicos de nuestras decisiones hasta hoy,  conocer nuestros miedos y llevar la luz a ellos, para esto tenemos muchos medios como la psicología, en lo particular lo expuesto por Jung es de todo mi interés.

Y finalmente el cuerpo espiritual,  Cada día me convenzo más que la esencia de todo ser humano es la misma, independiente de su cultura, condición social, política, étnica, preferencia sexual, religión, etc.

Cuando se reconoce la igualdad en la totalidad de la humanidad,  es cuando alcanzamos a maravillarnos de las diferentes ramas en las  que el hombre ha diversificado por medio de sus experiencias su relación con Dios.  Muchas veces he expresado a amigos cercanos la diferencia que pienso se da  entre occidente y oriente en la búsqueda de la evolución del Ser, su relación con el “AMOR”. La que más llama mi atención es como la gran  mayoría de la gente en occidente basa su relación con Dios  desde el exterior, en una relación de comunidad;  mientras que  en oriente la relación se da uno a uno; es de cada uno con Él.

Sin embargo cuando estudiamos las diferentes corrientes teologías (judíos, cristianos, musulmanes, budistas, hindús, tibetanos, etc.) la invitación de cada una es la misma, en lo fundamental todas llevan a la misma fuente, al “AMOR”. Desde nuestra cultura occidental me  remito a unas palabras expresadas por  Juan Pablo II, en su encíclica Fe y Razón de la verdadera invitación de la fe cristiana, siendo estas: “La verdad de la Revelación cristiana, que se manifiesta en Jesús de Nazaret, permite a todos acoger el «misterio» de la propia vida.  Como verdad suprema, a la vez que respeta la autonomía de la criatura y su libertad, la obliga a abrirse a la trascendencia. Aquí la relación entre libertad y verdad llega al máximo y se comprende en su totalidad la palabra del Señor: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres », continua en otros de sus apartes diciendo: “Un camino nuevo para llegar a Dios. Este está más presente a nosotros mismos que nosotros mismos. En otras palabras, la inteligencia y la voluntad se constituyen en dos vías de trascendimiento para encontrar a Dios en uno mismo”.

La Inteligencia y la voluntad que permiten que Dios se revele en cada uno de nosotros por el  misterio del diálogo de la oración. La oración es la presencia de Dios en cada uno de nosotros. Si podemos estar con Dios, es porque Él ha querido estar en cada uno de nosotros.  

Si podemos mantenernos así ante Dios, con Él y en Él, es porque ha tenido a bien el mostrarse a  nosotros como el Santo, el Amigo y el Huésped. Tres nombres de la revelación objetiva de Dios en nosotros, veamos entonces:

El Santo: Dios es el  Único, y se muestra Santo. El es el Único por su infinito poder misterioso. Ante él somos polvo y ceniza pues todo es nada salvo él. Cuando se  manifiesta, se revela en la trascendencia de su ser, es decir en su gloria, que es la intensidad radiante de su presencia y de su vida. Sólo podemos rendirnos ante Él y  caer rostro en tierra para adorarle. Es también el Único por su infinita pureza moral que nos hace sentir nuestra innata impureza. Si los orantes tenemos la convicción de estar delante de Dios, testigos de su gloria, es porque hemos tenido la revelación de su santidad. Es la primera indicación objetiva del diálogo con Dios. Adorar a Dios, es tener el sentimiento de su grandeza.

El Amigo: Pero el Dios verdadero no revela nunca su grandeza inaccesible sin revelar al mismo tiempo su Amor, y por eso es el amigo de los hombres. El que ama, es también el que te ama: "Vosotros sois mis amigos" dirá Jesús. Es una confidencia hecha de corazón a corazón, una revelación. Sobre el rostro de carne de Cristo, Podemos  descubrir su amistad, y la ternura de Dios para cada uno de nosotros. Y la prueba de que es nuestro amigo, es que comparte con nosotros los secretos del Padre como se hace entre amigos.

Cristo resucitado no cesa de estar con los suyos hasta el fin de los tiempos. Nos conoce por nuestro nombre pues nos ha amado y se ha entregado por nosotros. La revelación de la intimidad del Dios tres veces Santo en Jesucristo es la segunda indicación objetiva del diálogo. Entre Dios y cada uno de nosotros, se da una relación de tipo amigo. Entre el Santo y nosotros, Jesús es nuestro amigo. Si nosotros podemos estar con él, es porque Él ha querido estar con nosotros.

 El Huésped: Nos enseñará sobre todo a permanecer en Dios compartiendo incesantemente la persona de Jesús. En Jesús, morada permanente de Dios en el corazón del mundo, Dios ha plantado su tienda en medio de nosotros. Por el don de su Espíritu, Jesús es el que nos hace morar en Dios. Si nos alimentamos de su cuerpo, si vivimos como Él y guardamos su Palabra, la Santísima Trinidad planta su morada en nosotros, Dios se hace nuestro huésped, "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él. y haremos morada en él".

Si podemos estar en Dios, es porque Él ha querido estar en nosotros. La relación de inhabitación de las Personas divinas en nosotros, es la tercera indicación objetiva del diálogo con Dios. No hay definición más hermosa de la intimidad que se establece entre Dios y cada uno de nosotros  en la oración, "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo". 

Es así entonces como nuestro cuerpo espiritual trasciende y se dirige a la fuente creadora, a su naturaleza, formando una nueva trinidad “Dios, Uno y Trino”; recordemos como terminaba el artículo de la semana anterior: Si trabajamos en integrar nuestro Ser, se nos  permite estrechar la relación con el AMOR, Ser adultos en la fe, lograr  poseer ciertos aspectos positivos del espíritu que nos hacen capaz de vivir en la sencillez, de una acogida gozosa de la gracia, de ausencia de cálculos, de generosidad, de sinceridad,  de inmediatez, de vivir en el presente. Esta en nosotros, discernir y elegir, podemos ser seres espirituales, pues recuerda todos tenemos igual oportunidad pues es nuestro derecho, es nuestra naturaleza.
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