SERES ETERNOS, DE REGRESO AL LUGAR DONDE COMENZO NUESTRO VIAJE


Para empezar el artículo esta semana, quiero formularte la siguiente pregunta: si supieras que los milagros pueden ocurrir, ¿cuáles pedirías? La mayoría de las personas pienso,  lo primero, que se nos ocurre sería  en tener dinero suficiente. Poseer unos millones de dólares en el banco reduciría, sin duda, nuestra ansiedad económica.

Tendemos a pensar que una vez que tengamos esa clase de seguridad económica seremos libres de elegir la vida que nos hace más felices, que satisface nuestras necesidades interiores, que corrobora nuestra estancia en la Tierra como valiosa. Si supieras que puedes tener todo eso y hacer todo lo que quieras, ¿qué elegirías tener?, ¿qué elegirías hacer? El Amor, la Inteligencia Infinita, permite que los milagros ocurran, sin límites, sin fin. Y lo hace empujándonos, suave y progresivamente, del mundo mental y material al mundo espiritual. Cuando vivimos únicamente en el ámbito material y mental, estamos empobrecidos. Nuestras cuentas bancarias espirituales están vacías. En el mundo mental y material, donde la mayoría de los seres tienen su residencia, nunca saben qué va a pasar a continuación. ¿Van a llegar al final del día, de la semana, del mes? Aquí sus actos llevan la carga de la ansiedad, de las preocupaciones. Sus pensamientos son enturbiados por la duda y el miedo, sus intenciones son obstaculizadas por las preocupaciones del ego.

Sortear los obstáculos que el ego nos presenta  lo logramos cuando hacemos una  transición  de  conciencia, de una  basada en el ego a la conciencia basada en el corazón.  En este punto estamos  más o menos continuamente en contacto con el flujo divino del ser interior, nuestro  ser Espiritual. En este estado, no hay necesidad, no hay deseos, o miedos.  El cambio de conciencia del ego a una vida centrada en el corazón es en cierto modo una experiencia de muerte. Cuanto más nos identificamos con nuestro Espíritu,  liberamos más cosas por las cuales solíamos preocuparnos o en las cuales poníamos muchísima energía. Nos damos cuenta, en niveles más y más profundos, que no hay realmente nada que hacer, excepto ser.

Desde lo más profundo de nuestro centro, donde somos Espíritu, donde somos luz brillante, eterna y amorosa, es desde allí donde podemos tenderle  la mano a nuestros miedos para sanarlos como haríamos con un niño, si podemos  decirle a nuestros miedos que está a salvo con nosotros, que no le tememos, este se sentirá arropado y dejara de pulsar. No tratemos de liberarnos de él por la fuerza porque la intención de eliminar al miedo contiene un juicio en sí mismo. Nuestra parte temerosa se volverá más y más miedosa si entablamos una batalla con ella, porque entonces recibe el mensaje de que no es buena y de que no tiene ningún valor.

Comprendamos que el miedo es un elemento necesario en el universo. De lo contrario no sería posible explorar y experimentar algo nuevo. El miedo marca el límite entre lo que es seguro y familiar para cada uno de nosotros y lo que no lo es. Más allá de esa frontera hay algo nuevo que todavía no comprendemos o aún no hemos  experimentado. Si pudiéramos mirar al miedo de esa manera, soltaríamos nuestro juicio sobre él e incluso tendríamos el potencial de sentir alegría, porque el miedo nos promete una nueva tierra por descubrir, un nuevo lugar en donde nuestra luz brille más. El miedo no se disolverá inmediatamente, pero si no lo consideramos una energía atemorizante, nos  relajaremos más y de ese modo se nos abrirán nuevas posibilidades.

Nosotros somos espíritus aventureros. No condenemos a nuestro miedo, porque finalmente es la parte nuestra más aventurera, exploradora. El miedo nos muestra dónde hay nuevas tierras por descubrir. Una vez que viajemos por estas tierras, de la mano del miedo, experimentaremos la belleza y alegría de un modo que excede nuestra comprensión actual. El secreto es: Nunca sabemos de antemano qué es lo que vamos a descubrir; de otro modo no sería nuevo para nosotros. Si atravesamos con confianza y sin juicio, entonces la experiencia podría llegar a ser iluminadora.

Estar en contacto con la fuente más pura de nuestro Ser  “Nuestra parte Espiritual” cambiará nuestra vida, como herramientas tenemos, la oración, la meditación, pedir a Dios incremente nuestra convicción, nuestra Fe.  Una vez que establecemos contacto los milagros empiecen a incrementarse en nuestra experiencia de vida, empezamos  a darnos cuenta de que una vida centrada en el corazón es la puerta de entrada a un fenómeno más profundo. Este fenómeno es un cambio en nuestra  identidad y una toma de conciencia de quién en realidad somos. Empezamos a entender que nuestro verdadero “yo” no es una persona; nuestro verdadero yo es un campo de inteligencia en el que la persona con la que nos hemos identificado, y todas las demás personas, que existen, surgen y evolucionan como resultado de nuestras interacciones entre nosotros mismos.

Ya no interpretamos al universo como la suma total de partículas separadas y distintas, sino como una unidad coherente e indivisible en la que la personalidad con la que nos identificamos actualmente y sus pensamientos y todas las demás personalidades y sus pensamientos, y todos los sucesos y relaciones, son interdependientes, patrones entretejidos, un comportamiento único de nuestro yo espiritual.

Todos somos el misterio luminoso en el que el Universo entero, con todas sus formas presentan continuamente una transformación completa de nuestro yo personal a nuestro yo universal, un conocimiento empírico de la inmortalidad, la pérdida absoluta de todo temor, incluso del temor a la muerte. Nos hemos convertido en un ser que irradia amor del mismo modo que el Sol irradia luz. Finalmente hemos llegado al lugar donde empezó nuestro viaje.

Seres eternos de regreso a casa, dejo el siguiente epitafio de un indio anónimo americano para aquellos que ya han llegado: “No vayas a mi tumba y llores pues no estoy ahí. Yo no duermo. Soy un millar de vientos que soplan, el brillo de un diamante en la nieve, la luz del sol sobre el grano maduro, la suave lluvia de verano. En el silencio delicado del amanecer soy un ave rápida en vuelo. No vayas a mi tumba y llores, no estoy ahí, yo no morí”.
Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

EL AVE FÉNIX, EL RENACER ESPIRITUAL

¿QUIÉN ES EL HOMBRE PARA DIOS?

SOMOS SERES DE PURA ENERGIA

LA ENERGIA MASCULINA Y FEMENINA

¿COMO CONOCER MÍ SER INTERIOR?

HACIENDOME CARGO DE MI MISMO

VIVIR DESDE EL CORAZON "ETERNO PRESENTE"

AUTOESTIMA, LA ACEPTACION HACE LA DIFERENCIA

EL MUNDO, UNA IMAGEN DE DIOS