LA PAZ DE DIOS


Los opuestos complementarios, todo tiene su contrario en el mundo de la dualidad: La belleza – la fealdad, la riqueza – la pobreza, la alegría – la tristeza, lo masculino – lo femenino, etc.. La presencia de los opuestos en la mente individual representan una tensión; las energías humanas surgen como resultado de las tensiones creadas por los opuestos en conflicto. Los diversos elementos de la psique de la teoría de Jung cobran mayor sentido a partir de su descripción del proceso de individuación, movimiento hacia una totalidad psíquica integrada y armónica de todos los componentes: consciente-inconsciente, persona-sombra, pensamiento-sentimiento, sensación-intuición, introversión-extroversión, instinto-espíritu, personal-colectivo, masculino-femenino, yo-ser.

Al ir más allá de los opuestos de la mente, nos volvemos  como un lago profundo. La situación externa de nuestra vida y lo que pase en ella, se da en la superficie del lago. A veces calmada, a veces ventosa y tempestuosa, de acuerdo con los ciclos y las estaciones. En el fondo, sin embargo, el lago está siempre en calma. Cada uno somos todo el lago, no solamente  la superficie, y darnos cuenta de la anterior es estar en contacto con nuestra propia profundidad, que permanece absolutamente calmada.

No  se resista al cambio aferrándose mentalmente a ninguna situación. La paz interior no depende de ello. Cada uno de nosotros habitamos en el Ser -inmutable, intemporal, inmortal- que no es dependiente para la realización o la felicidad del mundo exterior que se compone de formas constantemente fluctuantes. Podemos  gozar de cada una de las formas que se nos presentan en nuestra vida, jugar con ellas, crear nuevas formas, apreciar la belleza de todo ello. Pero si entendemos nuestra naturaleza  no habrá necesidad de apegarse a ninguna.

Mientras no sea consciente del Ser, la realidad de los demás seres humanos lo eludirá, porque no se ha encontrado a sí mismo. A su mente le agradará o desagradará su forma, que no es solamente su cuerpo sino que incluye su mente también. La verdadera relación entre los seres humanos se vuelve posible sólo cuando hay una conciencia del Ser. Viniendo del Ser, usted percibirá el cuerpo y la mente de otra persona como una especie de pantalla detrás de la cual usted puede sentir la verdadera realidad del otro, como siente la suya propia. Así pues, cuando confronta el sufrimiento o la conducta inconsciente del otro, permanece presente y en contacto con el Ser y es capaz de mirar más allá de la forma y percibir el Ser radiante y puro de la otra persona a través del propio. En el nivel del Ser, todo sufrimiento es reconocido como una ilusión. El sufrimiento se debe a la identificación con la forma.

Puesto que todavía estamos aquí como un cuerpo físico “Forma”, compartimos toda la vulnerabilidad y mortalidad de nuestra forma física con todos los demás hombres y con todo ser viviente. Si sentimos que  "No tenemos nada en común con alguna persona" recordemos que tenemos mucho en común: dentro de unos años -dos, setenta, máximo cien-, no hay mucha diferencia- ambos nos habremos convertido en cadáveres, luego en montones de polvo, luego en nada. Esta es una comprensión que nos  ayuda a ser sobrios y humildes y dejar poco campo al orgullo. ¿Es este un pensamiento negativo? No, es un hecho. ¿Por qué cerrar los ojos ante él? En ese sentido, hay total igualdad entre cada unos de nosotros y todas las demás criaturas.

Entender lo anterior, nos permite tener compasión, que  es la conciencia del vínculo profundo que tenemos con todas las criaturas.

Una de las prácticas espirituales más poderosas es meditar profundamente en la mortalidad de las formas físicas, incluida la propia. A esto se le llama morir antes de morir. Entre en ello profundamente. Su forma física se está disolviendo, no existe más. Después viene un momento en que todas las formas de la mente o pensamientos también mueren. Sin embargo nosotros estamos aún ahí, la presencia divina que vive en cada uno de nosotros, continua radiante, completamente despierta.

En el nivel del Ser, compartimos la vida radiante, eterna, este es el segundo lado del primer aspecto de la compasión. Nada que fuera real murió nunca, sólo los nombres, las formas (física – mente) y las ilusiones.

El segundo aspecto de la compasión, los sentimientos aparentemente opuestos de tristeza y alegría se mezclan en uno y se transmutan en una profunda paz interior. Esa es la paz de Dios. Es uno de los sentimientos más nobles de los que el ser humano es capaz, y tiene un gran poder curativo y transformador. Pero la verdadera compasión, todavía es escasa. Sentir profunda empatía con el sufrimiento de otro ser ciertamente requiere un alto grado de conciencia, pero representa sólo una cara de la compasión. No es completa. La verdadera compasión va más allá de la empatía o simpatía. No ocurre hasta que la tristeza se mezcla con la alegría, la alegría del Ser más allá de las formas, la alegría de la vida eterna.

Recapitulemos entonces hasta acá, sobre la naturaleza dual de la compasión verdadera, que es conciencia de un lazo común de mortalidad e inmortalidad compartidas, que aunque aún es escasa, pero que si alcanzamos este nivel de consciencia o de iluminación logramos que  con cualquier  contacto que realicemos con otro ser viviente, este será tocado con nuestra presencia y afectado por la paz que emanemos, seamos conscientes de ello o no.

Cuando estamos completamente presentes y las personas que nos rodean manifiestan conducta inconscientes, no sentiremos la necesidad de reaccionar ante ellos, así que no les damos realidad. Nuestra paz es tan vasta y profunda que todo lo que no es paz desaparece en ella como si nunca hubiera existido. Esto rompe el ciclo kármico de la acción y la reacción. Los animales, los árboles, las flores, sentirán nuestra paz y responderán a ella. Podemos enseñar por medio del ser, demostrando la paz de Dios. Nos volvemos la "luz del mundo", una emanación de pura conciencia y así eliminamos el sufrimiento desde su causa. Eliminamos la inconsciencia del mundo.

En un sentido,  no necesitamos entonces ya del mundo. No necesitamos ni siquiera que sea diferente de como es. Sólo en este punto podemos comenzar a hacer una contribución real a la venida de un mundo mejor, a crear un orden diferente de realidad. Sólo en este punto somos es capaces de sentir verdadera compasión y de ayudar a los demás en el nivel de las causas. “Sólo los que han trascendido el mundo pueden hacer surgir un mundo mejor”.  Entonces, hemos vuelto al corazón “Al Amor”, hemos vuelto al hogar, el lugar donde empezó nuestro viaje. Hemos llegado a la Paz de Dios.
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