LA SEXUALIDAD, VIVIDA DESDE EL CORAZON


Hay un tema que me gustaría presentar esta semana, que ha tenido un gran impacto en mi vida y en la humanidad entera a lo largo de su historia. Se trata de la sexualidad y de cómo la experimentamos tanto los hombres como las mujeres.

Este no es un tema fácil. La sexualidad ha llegado a cargarse con muchos juicios, miedos y emociones. Es por lo anterior que  el aspecto natural e ingenuo de la sexualidad, es como  el aspecto del niño inocente libremente explorador, que se ha perdido. La gran mayoría de las personas nos llenamos de miedo y de tensión cuando llegamos a expresarnos sexualmente.

En este articulo, me gustaría enlazar lo que significa la sexualidad desde otra perspectiva, la espiritual. Desde esta perspectiva la sexualidad es una danza armonizada de las energías masculina y femenina. En principio, la sexualidad es más que un acto físico. Su destino es una danza en la cual participan todos los niveles o aspectos de nuestros y los de nuestra pareja.

Distingamos cuatro niveles o aspectos que entran a jugar un rol en esta danza de energías de la experiencia sexual.

Primero está el nivel físico, el aspecto del cuerpo físico. El cuerpo es inocente. El cuerpo conoce el deseo sexual y la lujuria, y esto es algo que está presente espontáneamente dentro del cuerpo. No hay nada malo en esto. Puede ser una fuente de regocijo, juego y placer. Pero el cuerpo no puede elegir por el mismo de qué modo se va a expresar su energía sexual. Somos cada uno de nosotros,  quienes tenemos a cargo la elección, el cuerpo necesita nuestra dirección. Cuando queremos experimentar la sexualidad del modo más amoroso, el punto de dirección reside en el corazón. Cuando dejamos que nuestro corazón se haga cargo de la energía sexual, ésta encontrará su expresión más gozosa.
 
La otra posibilidad, y que es la que mas usamos es dejar que nuestros pensamientos (juicios) o nuestras emociones dirijan el flujo sexual, y esto causa varios bloqueos en nuestra energía sexual.

El segundo aspecto de la danza sexual es el nivel emocional. La unión sexual es un acto profundamente emocional. Si ignoramos este aspecto, no estaremos completamente presentes en el acto y es cuando nos separamos del verdadero significado de la sexualidad.

En las emociones se mueven poderosas energías de miedo, cólera y tristeza y si discutimos con ellas pueden sacarnos de nuestro centro, de nuestra unidad. Cuando cualquiera de estas poderosas emociones está trabajando en una relación entre dos personas, y no están conscientemente reconocidas y tratadas, éstas surgirán cuando ellos estén juntos en la intimidad. Estas emociones pueden causar reacciones psicológicas de resistencia o de encierro cuando estamos físicamente en la intimidad; el cuerpo puede ser incapaz de sentir deseo o excitación.

Cada vez que aparecen los bloqueos psicológicos o físicos, es importante tratar con ellos en el nivel en el cual ellos han surgido: en el nivel emocional. Cuando nosotros tratamos de eliminar estos síntomas físicos, sin observar la dinámica emocional implícita, estamos siendo irrespetuosos con nosotros mismos y con nuestro cuerpo. Cuando el cuerpo se resiste a la intimidad, nos está dando un mensaje, puro y claro, de que hay un bloqueo emocional.

En el tercer nivel está el nivel del corazón, el cual es la morada de los sentimientos. Los sentimientos pertenecen al dominio de la intuición y el conocimiento interior. Es nuestro lado sensible el que nos habla a través de susurros calmados, llenos de sabiduría y compasión, diferentes a las emociones que son más dramáticas en su naturaleza.

Cuando el corazón se abre entre parejas sexuales, hay verdad, amor y seguridad. Cuando el corazón está presente en un encuentro sexual, nosotros permitimos que nuestra intuición registre lo que está sucediendo con nuestra pareja mientras estamos  en la intimidad física. No escondemos nuestras emociones, podemos hablarlas abiertamente. Puede surgir algún viejo temor y es aceptado como tal. Cuando nos conectamos a la energía del corazón con muestra energía sexual, puede ocurrir una gran sanación en nuestra vida.

Sin embargo, el corazón también puede jugar un rol sutil en privarnos de experimentar la sexualidad de un modo gozoso y amoroso. El corazón puede haberse cerrado al goce de la sexualidad por diferentes razones. Primero, puede haber un deseo en el corazón de elevarse sobre la realidad física de la tierra. Segundo, puede haber dogmas religiosos funcionando que impiden al corazón abrirse a lo que la sexualidad realmente es.

Tratemos  estos dos anteriores temas ahora. Aunque el deseo y el anhelo de trascendencia son comprensibles, es importante hacer las paces con la realidad material. De otro modo crearemos una separación artificial entre la parte superior y la parte inferior de nuestro campo de energía. Dar prioridad a estar con nuestra consciencia en la parte superior de nuestra energía, desarrollará una sutil o evidente resistencia a la realidad de nuestro cuerpo, a las emociones y a la sexualidad. Esto crea un desequilibrio en nuestra vida.

La segunda razón por la cual el corazón huye asustado de la sexualidad son los dogmas religiosos, los cuales en su mayoría enseñan a sentirnos avergonzados o culpables con respecto al placer corporal y la sexualidad. Más aun para grupos de personas clasificadas como anormales por estos dogmas por sus preferencias sexuales.  Debido a esto, tenemos juicios negativos relacionados con la intimidad física, o una sutil resistencia a ésta.

Estos juicios y sentimientos no tienen sustento en la verdad. Nuevamente quiero recordar que el cuerpo por sí mismo es inocente. El placer, el deseo y simplemente todos los procesos físicos que nos hacen anhelar la unión sexual, son procesos naturales y saludables. Los desequilibrios que ocurren en el área de la sexualidad son casi siempre debidos a los niveles no físicos.

El cuarto y último nivel es el aspecto de la mente. En el nivel mental, puede haber creencias morales o espirituales que nos impiden disfrutar de la sexualidad. La mayoría de estas creencias son de índole religiosa.

En el nivel espiritual, podemos sentir que el cuerpo físico es una clase de prisión. La realidad no física de los ‘reinos superiores’ es tan glorificada, que la realidad física es menospreciada. Esto proviene en parte de las creencias religiosas y morales, en parte de una total inexperiencia con este aspecto de la vida. Para la mayoría de los guías religiosos  o en roles similares, sin una pareja,  ellos se enfocan tanto en lo espiritual, que el área de la sexualidad queda descuidada. Por lo tanto, al nivel mental o espiritual, se presenta  haber una especie de falta de costumbre que les impide explorar la energía sexual.

En las personas espirituales o religiosas suele haber una falta de respeto por el cuerpo en su expresión natural. Esto es verdaderamente lamentable, porque es la expresión dentro de la materia que en nuestro  viaje a la unidad el  alma puede experimentar y proseguir.

Todos  alguna vez hemos podido presenciar  el lecho de muerte de alguien, o hemos presenciado un nacimiento. En esos momentos el alma entra o sale de la danza con la materia. Ambos momentos están rodeados de una atmósfera sagrada. Podemos sentir esto como un profundo silencio envolvente, lleno de honor, que anuncia la llegada o la partida del alma. No existe otra cosa sino el más profundo respeto, en esos momentos. La danza con la materia es sagrada. ¡Y la mayoría de los seres humanos con frecuencia la detestamos!

La sexualidad en su verdadero significado es una danza en la materia, la cual al mismo tiempo se eleva sobre la materia. En una expresión sexual equilibrada, nosotros  trascendemos la realidad material, sin ignorarla o reprimirla, sin abandonar nuestros tres campos de energía inferiores y buscando el  éxtasis en complemento con  nuestros tres centros  superiores. La sexualidad completa e integra todos los niveles de nuestro ser. La sexualidad puentea la brecha entre la materia y el espíritu.

Cuando dos personas están en intimidad física de una manera amorosa, todas las células en sus cuerpos vibran un poco más rápido… ellas comienzan a danzar un poco. Se abre una puerta a una realidad energética con una vibración ligeramente más elevada y un sentimiento más alegre. Después de una unión sexual en la cual participa todo lo que somos, cuerpo, alma y mente, nos sentimos serenos y regocijados al mismo tiempo. Hay un tranquilo éxtasis. Las células de nuestro cuerpo han probado la energía del amor y en ese momento traemos la realidad del Amor un poco más cerca de nosotros. Hemos canalizado la energía divina del Amor que tan profundamente desea fluir a través de nosotros y que sólo tiene el mayor respeto por nuestra naturaleza sexual.

Si en una unión sexual la energía fluye al mismo tiempo en todos los cuatro niveles, es un acto de creación divina. Que los niños nazcan de semejante acto, es tan solo natural. Cuando la danza de lo masculino y de lo femenino es llevada a cabo de tal manera alegre, sólo lo bueno y dulce puede venir de eso. Si un niño es concebido de tal modo, entonces entra a la vida en la tierra en un alud de luz y amor. Es la bienvenida más amorosa que un alma puede tener en la tierra.

Debido a que las energías sexuales son tan preciosas, recordemos  tratar nuestra sexualidad respetuosamente. Cuando haya problemas, miedos o tensiones alrededor de ésta, no juzguemos a la sexualidad misma, ni renunciemos a ella, porque es una parte natural de nosotros, una parte necesaria para poder integrar nuestros ser.
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