HACERCA DE LO BUENO Y DE LO MALO


En estudio de la alquimia, los alquimistas buscaban a través de un laborioso y arduo proceso transformar el plomo en oro, buscaban la piedra filosofal o la medicina  universal; los más profundos y menos ingenuos cedieron cuenta que este largo proceso de transformación de la materia implicaba profundas transformaciones psíquicas y espirituales.

Es merito de Jung el haber descubierto que la obra del alquimista para el que la sabe leer es una especie de libro abierto. Según Jung el alquimista proyectando su psiquis sobre la materia con la cual trabaja, trataba a menudo conscientemente de superar la conflictividad de su naturaleza en alcanzar su unidad interior. Así robaba a la materia esa chispa de luz interior que podía dar sentido a su larga fatiga. Así mismo Jung expresaba “que es decisivo que el hombre este orientado hacia el infinito, el problema esencial de su vida, cuando el hombre corre tras de falsos bienes y cuando menos sensible es a todo lo que verdaderamente es esencial, tanto menos satisfactoria será su vida, se sentirá limitado porque limitados serán también sus fines.  Si logramos entender que tenemos un vinculo con el infinito nuestras necesidades y deseos cambia”.

Y es la reflexión anterior que quiero enlazarlas en este artículo con algunos a partes del libro de Eckhart Tolle “Una nueva tierra” donde nos habla del bien y el mal.  En algún momento de la vida, la mayoría de las personas nos damos  cuenta de que no solamente nacemos, crecemos, tenemos éxito, buena salud, placeres y victorias, sino de que también se presentan en nuestras vidas pérdidas, fracasos, envejecimiento, deterioro, sufrimiento y muerte.

En términos convencionales se habla de lo “bueno y lo malo, del orden y el desorden”. Las personas suelen asociar el "significado" de la vida con lo "bueno", pero lo bueno permanece bajo la amenaza constante del colapso, la descomposición y el desorden. Es la amenaza de lo ilógico, de lo "malo", cuando las explicaciones fallan y la vida deja de tener sentido. Tarde o temprano, el desorden irrumpe en nuestras vidas, independientemente del número de bienes materiales o de pólizas de seguro que tengamos.

Asumir la forma de una pérdida, un accidente, una enfermedad, la invalidez, la vejez y la muerte. Reconocer y aceptar la llegada del desorden a la vida con el consiguiente colapso del significado definido por la mente, puede constituir la puerta de entrada a un orden superior. "La sabiduría de este mundo es necedad ante Dios", dice la Biblia. ¿Cuál es la sabiduría de este mundo? El movimiento del pensamiento, y el significado definido exclusivamente a través del pensamiento.

El pensamiento aísla las situaciones y los sucesos y los califica de buenos o malos, como si existieran por separado. La realidad termina fragmentada a base de depender excesivamente del pensamiento. Esta fragmentación, si bien es una ilusión, parece muy real mientras estamos atrapados en ella. Sin embargo, el universo es un todo indivisible en el cual todas las cosas están interconectadas y donde nada puede existir aisladamente.

La conexión profunda entre todas las cosas y todos los sucesos implica que los rótulos mentales de "bueno" y "malo" no son más que ilusiones. Siempre implican una perspectiva limitada, de tal  manera que son verdaderos solamente de manera relativa y temporal. Así lo ilustra la historia de un sabio que se ganó un automóvil costoso en una lotería. La familia y los amigos se alegraron mucho por él y quisieron celebrar.

"¿No es maravilloso?" exclamaron. "¡Eres tan afortunado!" El hombre sonrió y dijo, "Quizás". Durante algunas semanas disfrutó su automóvil hasta que, un buen día, un conductor ebrio chocó contra él en una esquina y el hombre terminó herido en el hospital. Los familiares y amigos acudieron a verlo y le dijeron, "Qué mala suerte". Nuevamente, el hombre sonrió y dijo, "Quizás".

Mientras estaba en el hospital, hubo un deslizamiento de tierra y su casa cayó en el océano. Nuevamente, los amigos fueron a verlo al día siguiente y exclamaron, "Qué suerte tan grande que hubieras estado aquí en el hospital". Su respuesta fue la misma: "Quizás".

Ese "quizás" del hombre sabio representa la renuencia a juzgar cualquier cosa que pueda suceder. En lugar de juzgarla, la acepta por lo que es, de manera que entra a estar conscientemente en consonancia con el orden superior. Sabe que a la mente le queda imposible muchas veces comprender el lugar o el propósito de un suceso aparentemente aleatorio en medio del tapiz del todo. En estos días ha llegado a mi vida por diferentes medios una frase que repetidamente la escuche de mi hermano menor, Gabriel “Dios, permite aceptar aquello que no puedo cambiar”.

Pero no hay sucesos aleatorios ni cosas que existan aisladamente por sí solas. Los átomos que componen nuestro cuerpo se forjaron en algún momento dentro de las estrellas y las causas del suceso más insignificante son virtualmente infinitas y están conectadas con el todo de manera que escapa a toda comprensión.

Si quisiéramos devolvernos a encontrar la causa de cualquier suceso, tendríamos que remontarnos hasta el comienzo de la creación. El cosmos no es caótico. La palabra "cosmos" en sí significa orden. Pero no es un orden comprensible para la mente humana, aunque sí es posible vislumbrarlo a veces.

Por lo tanto el hombre, como primer objetivo debe buscar conocerse así mismo, mirando sin juzgar cuanto bien puede hacer, pero también de cuanta infamia es capaz. Cada uno esta seguido por una sombra, cuanto menos integrada está en la vida  consciente del hombre, más negra e intensa se vuelve. Nadie está libre de la sombra colectiva de la humanidad, por lo tanto está bien tener una imaginación del mal, puesto que los tontos solo pueden olvidar la premisa de la propia naturaleza. Han sucedido y aun sucede cosas terribles, pero son siempre los otros los que las han hecho. Somos por el hecho de ser humanos, criminales en potencia, es el otro aspecto de la dualidad, de ser buenos. La oscuridad que se  abriga con la luz “Con el Amor”, va cediendo  y se transfrorma a una oscuridad más luminosa.

En este blog he hablado repetidamente del AMOR, hoy quiero explicarlo retomando palabras de Jung: “Aquí se encuentra lo máximo y lo mínimo, lo más remoto y lo más cercano, lo más alto y lo más bajo, y no se puede hablar de uno, sin considerar también al otro. El AMOR sufre cada cosa y soporta cada cosa; estas palabras dicen todo lo que hay para decir, no hay nada para agregar, porque nosotros somos el sentimiento más profundo, los medios y los instrumentos del amor cósmico. Siendo una parte el hombre no puede entender el todo, esta su merced. El amor nunca está excluido.”

Si poseemos  un granito de sabiduría  podremos deponer las armas “La oscuridad” y llamar a lo ignoto con lo mas ignoto, es decir con el nombre de Dios, será una confesión de sumisión, de rendición al AMOR, pero a la vez es un testimonio de la libertad de elección que tenemos entre la verdad “Lo bueno” y el error “Lo malo”. Finalmente dejo la siguiente frase esculpida frente a la casa del gran maestro que es Carl Jung y que dice:  “El primer hombre viene de la tierra y es terrenal, el segundo hombre viene del cielo y es espiritual, aunque tú lo llames o no, Dios estará presente”
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