SOMOS SERES DE PURA ENERGIA


E = MC2, Albert Einstein expresó “hemos estado completamente equivocados, a lo que llamamos materia es energía, cuya vibración ha sido reducida hasta ser perceptible por nuestros sentidos. Nuestros cinco sentidos nos han contado que el mundo que nos rodea es sólido. Lo que creemos que es sólido es  simplemente una vibración que nuestros sentidos pueden percibir” Somos seres de pura energía. La energía no puede ser creada ni destruida… todo está hecho de átomos.

En química y física, átomo es la unidad más pequeña de un elemento químico que mantiene su identidad o sus propiedades, y que no es posible dividir mediante procesos químicos. Su denso núcleo representa el 99.999% de la masa del átomo, y está compuesto de bariones llamados protones y neutrones, rodeados por una nube de electrones, que -en un átomo neutro- igualan el número de protones.

El concepto de átomo como bloque básico e indivisible que compone la materia del universo fue postulado por la escuela atomista en la Antigua Grecia. Sin embargo, su existencia no quedó demostrada hasta el siglo XIX. Con el desarrollo de la física nuclear en el siglo XX se comprobó que el átomo puede subdividirse en partículas más pequeñas. Los átomos son 99.999999% son espacio vacío. Según Avogrado la célula se calcula tiene aproximadamente tres trillones de átomos. Se estima que el cuerpo humano está compuesto por una cantidad que ronda los 100 billones de células

Entonces, ahora ya sabes porque el titulo de este articulo apunta a un gran verdad, podemos decir que todo ser humano es un campo de energía que reúne una completa gama de frecuencias. La más elevada de estas frecuencias corresponde a la del espíritu. En este punto del espectro estás más cerca de la Luz, del amor, del SI-MISMO…,  de Dios.

En las frecuencias más elevadas de la creación, las dos polaridades, yin y yang, coexisten en un balance perfecto. Ese es el nivel de perfección en el que fuimos creados, y al que tenemos que volver, cuando completemos nuestra ronda de experiencias, diseñada para adquirir sabiduría. Nuestro viaje ha sido largo, porque escogimos descender hasta los niveles más densos de la creación, donde la energía tiene una vibración tan lenta, que queda condensada y coagulada como materia, donde nuestros sentidos nos cuenta que todo es sólido. Así que todo lo que existe en el mundo,  lo que nuestros ojos pueden ver y nuestros dedos tocar, es también luz del Creador, pero en estado de cristalización “Pura energía”.

En el reino de lo material, el balance de la energía cambia en la medida en que permanezcamos alejados de la perfección. La característica de este plano es el desequilibrio de las dos polaridades. Este desequilibrio energético es necesario, puesto que en el ámbito de lo más denso impera el estancamiento, y se necesita de más esfuerzo y de acción para romper con la inercia que predomina. Entonces la proporción de la energía yang (el principio activo de lo masculino) debe ser mayor, que la energía receptiva de inacción, correspondiente a lo femenino.

Al descender hasta este plano de densidad, nos fuimos alejando cada vez más de la “Fuente”, del “AMOR”, nos sumergimos en los niveles mental, emocional y por último en el físico. En la medida en que aumentó la separación de Dios fuimos perdiendo también el poder de crear, y la posibilidad de percibir la realidad que existe en las dimensiones más elevadas. Esto nos colocó en una posición de aislamiento total. Hemos vivido en cuarentena desde entonces, sintiéndonos separados del resto de la creación y en completo olvido de nuestra verdadera esencia.

En este nivel material experimentamos todo tipo de limitaciones; aún para crear las cosas más sencillas, necesitamos de una gran inversión en energía, esfuerzo y tiempo. Los cinco sentidos que poseemos nos permiten ver y tocar un árbol, pero no tenemos capacidad para hacer tangible un sentimiento, ni un pensamiento, y menos aún distinguir aquello que procede del espíritu.

Aún a pesar de sus limitaciones, el cuerpo físico es una herramienta clave para evaluar nuestro desarrollo evolutivo. La realidad física es el escenario donde se manifiestan los resultados de lo que hemos gestado desde los niveles superiores. En la carne recogemos la cosecha que sembramos con las semillas de nuestros pensamientos y emociones, y si estos fueron, o no, nutridos por los dones del espíritu. Si la semilla que plantamos fue de mezquindad, o de rabia, de avaricia, de apego, de gula, de odio, de vanidad, por ejemplo, el fruto que obtendremos será el correspondiente, y sufriremos las consecuencias, porque nadie siembra limones para recoger manzanas.

En este tiempo al hombre se le ha abierto la posibilidad de volver al amor del Padre, para que así su ciclo evolutivo quede completo con el retorno del hijo prodigo al hogar, después de milenios de separación. Sin embargo esta no es la única oportunidad que se ha dado a la raza humana.

Energéticamente hablando, ahora nos encontramos exactamente en la misma situación que dejaron instalada otras culturas antiguas. También entre nosotros domina la energía yang (lo masculino, la lógica, la competitividad, los valores de la mente, la actividad y la tecnología) como en otros tiempos. En cambio que la polaridad yin se encuentra muy disminuida y apocada en todas sus expresiones.

Eso significa que, como preparación para dar el salto al AMOR, necesitamos desarrollar el equilibrio entre ambas fuerzas (Masculina y femenina en nuestro interior), apoyando el florecimiento de los valores femeninos, tanto dentro de nosotros, como en la conciencia colectiva. Ahora cobra importancia primordial el enfocarnos en aquello que procede del corazón, como: el amor, la quietud, la meditación, la receptividad, el desarrollo de la intuición, el arte y la conexión con el espíritu. 

Finalmente dejo la siguiente reflexión del Dr. Steven Greer “El espacio de nuestros interior, la mente consciente pura de nuestro interior… y el espacio exterior, son solo un ser. Todos somos parte de este universo enorme, infinito cuántico, que está despierto”.
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