DE OTRAS ENSEÑANZAS HACERCA DE DIOS


“Guarda pan para mayo y leña para abril que no sabes cómo han de venir”, el refrán anterior nos invita a tomar las medidas necesarias sobre lo que sabemos; como por ejemplo hoy no conocemos en qué nivel de conciencia se encuentra la gran mayoría de la humanidad, aunque se puede deducir por su forma de actuar esta en un nivel muy, muy bajo.

Asumiendo que el nivel actual de consciencia de la humanidad es muy bajo se hace peligroso entregar de una sola vez la única verdad que vale la pena entender “La Divinidad que Mora en Nosotros”, nuestra naturaleza divina. Sin embargo he hablado repetidamente en este blog de este punto y quiero hoy darle continuidad, ya que pienso que la blindara naturalmente a esta gran verdad todos aquellos que no quieren entenderla, gracias su cercanía  con el amigo “Ego”.  Sobre este rechazo a entender, nos expresa el maestro Eckhart que muchos no habrán comprendido lo que quiere decir el predicador y por ello añade: «Quien no reconoce este hecho, que eche la culpa a su ceguera".

En el artículo de la semana pasada, en el párrafo final incluía una frase de Carlos Gustavo Jung que decía: “Si el hombre posee un granito de sabiduría depondrá las armas y llamara a lo ignoto, con lo más ignoto, ósea con el nombre de DIOS”, además incluía una definición de Jung sobre el amor, siendo esta: “Aquí se encuentra lo máximo y lo mínimo, lo más remoto y lo más cercano, lo más alto y lo más bajo, y no se puede hablar nunca de uno sin considerar también al otro. El amor sufre cada cosa, y soporta cada cosa, estas palabras dicen todo lo que hay para decir, no hay nada para agregar, porque nosotros somos el sentimiento más profundo, las victimas, o los instrumentos, del AMOR cósmico”.

Así también lo entendió el Maestro Eckhart (Fraile Dominico, 1.260 – 1.328 D.C.) cuando trataba de aprehender lo más sublime sobre “AMOR” mediante una precisión cada vez más refinada de aquello que en el fondo resulta inexplicable con palabras para el ser humano.

Nos dice el maestro que lo más inefable,  se parece a un caminante que avanza por un sendero de altura que corre en espiral. Desde los diferentes puntos a que llega, se sirve, como de muleta, de expresiones cada vez más osadas para explicar lo inexplicable y difícilmente o nada comunicable. Hoy en día, cuando se tiene mayor conocimiento de las prácticas místicas orientales, se puede encontrar un cierto paralelismo en lo expuesto por el maestro Eckhart con en el budismo Zen.

¿Pero que nos enseña el budismo Zen acerca de nuestra relación con Dios?, para entender un poco tomemos las enseñanzas de otro gran maestro como lo fue Muhammad Rumí (Poeta místico musulmán, 1.207 – 1.273 D.C.), donde el tema general de sus pensamientos, así como los de otros escritores sufíes, está esencialmente enfocada sobre el concepto de la unidad (Tawheed) y la unión con su Amado (la fuente principal) de donde hemos sido cortados; y del constante lamento por esta separación y su constante deseo de volver a la unidad, “Al cañaveral"; bellamente nos dice en su poema “El Ney” o la Flauta de Caña:

Escucha el ney, y la historia que cuenta, como canta acerca de la separación: Desde que me cortaron del cañaveral, mi lamento ha hecho llorar a hombres y mujeres. Deseo hallar un corazón desgarrado por la separación, para hablarle del dolor del anhelo. Todo el que se ha alejado de su origen, añora el instante de la unión. [...]

Cuando la rosa se haya ido y el jardín esté marchito, no podrás escuchar más la canción del ruiseñor. El Amado lo es todo; el amante apenas un velo. El Amado está viviendo; el amante es una cosa muerta. Ama las voluntades de lo que traen estas palabras. [...]

Le pregunté al ney (flauta de caña): ¿de qué te lamentas? ¿Cómo puedes gemir sin poseer lengua? El ney respondió: Me han separado del cañaveral (Unidad) y ya no puedo vivir sin gemir y lamentarme.

Dijo Rumí de sí mismo "no soy un profeta, pero seguramente he traído unas Escrituras". Rumí creyó apasionadamente en el uso de la música, la poesía y el baile como medio de búsqueda para alcanzar a Dios. Para Rumí, la música ayuda a los devotos a centrar su ser en lo divino, y a hacer esto tan intenso que el alma (Ego) se destruya y resucite.

El maestro Rumí fundó la orden del Mevleví, y creó el "Sema", una danza sagrada. En la tradición de la orden Mevleví, la Sema representa un viaje místico de desarrollo espiritual, permitiendo el perfeccionamiento de la mente y el amor. En este viaje el buscador da vueltas simbólicamente hacia la verdad, crece con amor, abandona el ego, encuentra la verdad, y llega a la "Perfección" (¿Te recuerda el viaje del Héroe?); luego regresa de este viaje espiritual con mayor madurez, para amar y estar al servicio del conjunto de la creación, sin discriminación hacia las creencias, razas, clases y naciones.

De las enseñanzas de budismo Zen, por medio del místico  Rumí nos enseña cómo, Él no ofende a nadie e incluye a todos en sus textos. El mundo de Rumí no es ni exclusivamente el mundo de un sufí, ni el mundo de un hindú, ni un judío, ni un cristiano; es el estado más alto de un ser humano, un ser humano completamente desarrollado, no encasillado por limitaciones culturales; él toca a cada uno de nosotros.

“¡Ven, ven, quienquiera que seas; Seas infiel, idólatra o pagano, ven, este no es un lugar de desesperación, incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!”

Según el profesor Majid M. Naini, la vida y la transformación de Rumí proporcionan el testimonio y la prueba verdadera de que las gentes de todas las religiones y procedencias pueden vivir juntas en paz y armonía. Las visiones, las palabras, y la vida de Rumí enseñan cómo alcanzar la paz y felicidad interna, para poder, finalmente, parar la corriente continúa de la hostilidad y el odio y alcanzar la paz y armonía globales verdaderas.

¿Qué puedo hacer, oh musulmanes?, pues no me reconozco a mí mismo.
No soy cristiano, ni judío, ni mago, ni musulmán.
No soy del Este, ni del Oeste, ni de la tierra, ni del mar.
No soy de la mina de la Naturaleza, ni de los cielos giratorios.
No soy de la tierra, ni del agua, ni del aire, ni del fuego.
No soy del empíreo, ni del polvo, ni de la existencia, ni de la entidad.
No soy de India, ni de China, ni de Bulgaria, ni de Grecia.
No soy del reino de Irak, ni del país de Jurasán.
No soy de este mundo, ni del próximo, ni del Paraíso, ni del Infierno.
No soy de Adán, ni de Eva, ni del Edén, ni de Rizwán.
Mi lugar es el sin lugar, mi señal es la sin señal.
No tengo cuerpo ni alma, pues pertenezco al alma del Amado.
He desechado la dualidad, he visto que los dos mundos son uno;
Uno busco, Uno conozco, Uno veo, Uno llamo.
Estoy embriagado con la copa del Amor, los dos mundos han desaparecido de mi vida; no tengo otra cosa que hacer más que el jolgorio y la jarana.

(Fuentes: Libro: Tratado y sermones del maestro Eckhart, poemas de Muhammad Rumí y articulo en Wikipedia).
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