LA CLAVE ES EL CORAZÓN


La clave es el corazón. El corazón es un lugar donde podemos volver al Hogar. Sentirnos en el hogar es estar conectado con la totalidad, conectado a nuestro ser más profundo.

¿Pero qué significa la totalidad?, esta  no puede ser descripto con palabras. Pueden darse una idea con palabras tales como universo o cosmos, pero la totalidad no es ni una cosa ni una entidad. La totalidad es la indescriptible fuente del ser, un reino infinito de probabilidades. Cada vida particular tiene su propio lugar específico dentro de la totalidad. Nosotros como seres humanos formamos parte de esta danza creativa en nuestra forma actual como un hombre o una mujer. Al mismo tiempo hay un núcleo divino e indestructible dentro de nosotros que es independiente de la forma.

Este núcleo divino dentro de nosotros tiene un lugar y un rol único dentro de la totalidad. Encontrar nuestro lugar y permitir que nuestra luz brille nos hace sentir profundamente satisfechos. Nos hace sentir felices y alegres. Estar en este lugar único y llevar a cabo  roles originales activa lo mejor que podemos dar. Sobre esto voy a hablar hoy: “Lo mejor que podemos dar”.

La Tierra es un lugar que amamos. Podemos muchas veces pensar cuán difícil es vivir en la tierra, que duro es arreglárselas con las aspectos de oscuridad y de maldad de nos plante a hoy la humanidad.  Pero podemos liberar estos pensamientos y pensar en los extensos busques que existen, la abundancia de animales, árboles, plantas y flores y un número enorme de seres humanos buenos.

Recordemos una palabras de Manly P. Hall “Para los antiguos la tierra tiene principios invisibles, la tierra no solo es un terrón, la tierra es un inmenso organismo, una enorme estructura vital, dinámica o como los antiguos afirmaban: La Tierra está vivía, el Universo entero está vivo”

Nuestro lugar en la tierra, es aquí y ahora. Debemos creer en nosotros  mismos; saber que estamos conectados con la totalidad y que hay un camino que nos conduce hacia la manifestación de nuestro ser superior.

¿Cómo encontrar este camino? ¿Y cómo saber si estamos desarrollando y manifestando nuestro ser superior? Consideremos tres aspectos con los cuales podemos reconocer si estamos “dando lo mejor”.

1)    Lo mejor que podemos dar es único

El primer aspecto es que lo mejor de nosotros, es lo mejor que podemos dar, es nuestra parte única. Nuestra contribución es una combinación única de características y cualidades con nuestra propia vibración y sazón. Esencialmente, si nos estamos dando a sí mismos. ¡Lo mejor que podemos dar! Lo que nos distingue no es lo que hemos aprendido de otros, tales como ciertas habilidades o conocimiento. Lo mejor que podemos dar no viene de afuera de nosotros.

Por supuesto que hemos obtenido conocimiento e información por parte de otros, de libros y a través de la educación. Por supuesto que estamos formados por nuestra cultura y crianza. Sin embargo, hemos integrado estas influencias dentro de nuestra naturaleza a nuestro propio modo.

En esta vida ustedes somos un hombre o una mujer que hemos tenido cierta crianza y educación. Estamos formados por la visión de la sociedad en la que vivimos. Esto es como debería ser, porque la formación nos ha ayudado a ganar un íntimo conocimiento de la vida humana. Por haber pasado todos por algunas duras experiencias, hemos obtenido una profunda perspicacia en cómo se siente y qué altos y bajos emocionales podríamos experimentar como un ser humano. A través de vuestro propio viaje de exploración, a través de la luz y de la oscuridad, hemos recorrido un camino único. Así, lo que nosotros tenemos dar a otros es también una mixtura única de cualidades.

2)    Dar lo mejor de nosotros es recibir lo mejor para nosotros mismos
El segundo aspecto es que dar lo mejor de nosotros siempre implica que recibimos lo mejor para nosotros. Estas dos corrientes de hecho están intrincadamente ligadas una con otra.

Cuando nosotros nos damos abierta y libremente, al mismo tiempo recibimos algo muy especial. En el momento en que verdaderamente somos nosotros, estamos naturalmente unidos con la totalidad, con Dios. No se emiten críticas ni hacia nosotros ni hacia los demás. No hay más juicios que nos separan. Nos hemos convertido en la Unidad.

Al atreverse a ser verdaderos con nosotros mismos atraemos cosas buenas a nuestras vidas. Las cosas materiales necesarias y las personas adecuadas aparecerán automáticamente. El universo nos apoyará y nos nutrirá. Nos ofrecerá las circunstancias correctas para manifestar nuestra energía de alma. La vida nos dirá sí a de todo corazón si nosotros le  decimos sí a la vida sin ninguna reserva.  En ese momento no somos un ego, no somos un individuo separado.

Ahora preguntémonos: ¿cómo lo hago? ¿Cómo puedo volverme alineado con lo mejor de mí, mi don único, mi verdadera luz? Esto nos lleva al tercer aspecto que quiero mencionar acerca de dar lo mejor de nosotros.

3)    Nosotros somos capaces de dar lo mejor de nosotros si somos capaces de conectarnos con lo más bajo de nosotros:

Damos lo mejor de nosotros mismos si estamos abiertos y decididos a conectarnos con nuestra parte más baja. Por lo más bajo me refiero al miedo, a la duda y a la depresión, en resumidas cuentas, a la oscuridad que está en nuestras almas como resultado de experiencias dolorosas irresueltas.

Nuestro ser superior brillará en el momento en que recibamos a nuestra parte más oscura. Cuando invitemos a lo más bajo de nosotros a entrar en nuestra conciencia, permitimos así que nuestra luz brille sin juicios sobre esas partes de nuestra alma que se han sentido rechazadas y abandonadas. Ésta es la parte de nosotros que se ha vuelto iracunda, triste, amargada y solitaria debido a experiencias dolorosas.

En la oscuridad desarrollamos mecanismos de supervivencia que nos privan de sentir qué es lo que está sucediendo dentro de nosotros: el miedo, la desesperación, la depresión y la soledad. Nosotros no los admitimos. De hecho, a menudo el mundo que nos rodea espera que hagamos eso. “Apártate de las emociones negativas. Sé positivo. Haz todo lo posible. Sé útil.” Esta clase de advertencias e invocaciones crean miedo dentro de nosotros con respecto a nuestra propia oscuridad y ellas nos alejan de  sentimientos más profundos.

Todos tenemos un profundo deseo por la luz, por la libertad inherente en rendirse a lo que realmente somos. Comprender que nosotros podemos encender en nuestro interior la luz más grande si estamos decididos a alcanzar nuestras partes más oscuras y abandonadas.

Hagamos el siguiente ejercicio ahora, en este preciso momento. Echemos una mirada y veamos si hay una emoción o pensamiento negativo dentro de nosotros que aparece constantemente y necesita de vuestra atención. Primero démonos cuenta que esta emoción o pensamiento oscuro es parte de ser un humano. Imaginen que esta área oscura dentro de nosotros es un niño que ha sido abandonado. Podríamos encontrarlo a él o a ella escondido en un rincón. ¿Es un niño o una niña?

Si podemos entablar un contacto con el niño. Comiencen con un contacto visual y luego estréchenle nuestra mano cuidadosamente. Observen al niño tiernamente y vean cuán penosamente él o ella ha tratado de sobrevivir. Este niño está lleno de alegría y pasión por la vida. Sin embargo, él o ella ha tenido que soportar tanto que el poder de la alegría y de la pasión se ha distorsionado. La energía original del niño ha quedado atrapada en toda clase de máscaras y mecanismos de supervivencia, debido a lo cual su fuerza vital comenzó a trabajar en contra de sí mismo. Pero ahora, al niño se le permite ser quien él/ella realmente es. Por favor extendamos nuestras manos y permitamos que nuestra luz brille. Recibamos al niño con nuestros ojos.

Permitamos que el niño venga a nosotros, en su propio lugar. Esperemos pacientemente, sosténganlo/la en  brazos y  contra nuestro corazón. Lo que el niño necesita relajar o recuperar es visto y aliviado por cada uno de nosotros. Observemos cómo brillan con calidez, amor y comprensión cuando están en contacto con este niño indefenso y atormentado.

Invitar a nuestra parte más oscura, darle la bienvenida y traerla a casa, saca a relucir nuestra parte más luminosa. Comprendemos cómo se siente este niño. Esta comprensión sana. El niño en la oscuridad representa la parte nuestra que ha acarreado un montón de dolor sin ser capaz de comprender por qué. Al rodear este dolor con comprensión y compasión, hacemos brillar nuestra luz en áreas que solían ser la fuente de emociones y pensamientos negativos. En el momento en abrazamos al niño atormentado dentro de nosotros, nos volvemos un ángel humano. Llevamos luz dentro de la oscuridad, que es exactamente lo que la humanidad necesita justo en este momento.

La humanidad no necesita santos ni gurús que enseñen desde un púlpito o pedestal, sino personas reales de carne y hueso que hayan experimentado la oscuridad y la luz por ellos mismos y sean capaces de abrazar a ambos sin juzgar. La vida nos apoyará. ¡Somos nosotros! Nosotros representamos el amor de Dios de un modo único, porque somos capaces y estamos decididos a enfrentar y a abrazar nuestra propia oscuridad con comprensión. Dar lo mejor de nosotros  alienta a otras personas a hacer lo mismo. “El trabajo entonces, es a dar los mejor de nosotros”.
 
Nota: Mientras preparaba este articulo (tomado y ajustado del sitio web www.jeshua.net al cual remito la fuente) gracias al “Amor” pude realizar el ejercicio descrito anteriormente con un lado oscuro de mi, que repetidamente me ha hablado por medio de sus emociones de miedo, pudiera contarles en detalle, que es lo que nos atormenta, pero sé, que respetuosamente  y cosa que me agrada no lo consideran necesario. A mi lado oscuro, te quiero decir, que trato de llegar con mi memoria hasta la experiencia que te causo este gran dolor y no lo consigo, de igual forma que los lectores de este blog te digo amorosamente que no es necesario si no quieres que recuerde más detalles, pero a las tres personas que estuvimos involucradas (Incluyendo mi lado oscuro) les digo que las amo, que Dios está con nosotros. A mi lado oscuro que me perdone por haberla juzgado, que todo esta bien..., que somos Uno.
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