HABLANDO DEL ALMA GEMELA


Siempre he tenido la certeza de que como complemento en mi crecimiento espiritual es el reencuentro con mi otra parte, mi alma gemela. En algunos momentos de mi vida intencionalmente aparte de mi estos pensamientos y me dedique a buscar en diferentes relaciones solo contactos físicos para dar y recibir placer…. Solo quedaba en mi el recuerdo de una conversación con un ser especial “Único” que siendo muy joven me mostro mi vida donde el pasado, presente y futuro se mezclaban en un solo instante.

De la anterior conversación a la fecha todo ha transcurrido tal como se me dijo en su momento, solo queda algo pendiente y es lo referente a que en algún momento de mi vida encontraría mi gran amor, que el mundo conspiraría para este encuentro. Y es que hay alguien especial para cada uno de nosotros. A menudo pertenecen a distintas generaciones y han viajado a través de los mares, del tiempo y de las inmensidades celestiales para encontrarse de nuevo con nosotros.

Proceden del otro lado, del cielo. Su aspecto es diferente, pero nuestro corazón los reconoce, porque los hemos amado en los desiertos de Egipto iluminados por la luna y en las antiguas llanuras de Mongolia. Con ellos hemos cabalgado en remotos ejércitos de guerreros y convivido en las cuevas cubiertas de arena de la Antigüedad. Estamos unidos a ellos por los vínculos de la eternidad y nunca nos abandonarán.

Es posible que nuestra mente diga: «Yo no te conozco.» Pero el corazón sí le conoce.

Él o ella nos cogen de la mano por primera vez y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser. Nos miran a los ojos y vemos a una alma gemela a través de los siglos. El corazón nos da un vuelco. Se nos pone la piel de gallina. En ese momento todo lo demás pierde importancia.

La pasión que surge del mutuo reconocimiento supera la intensidad de cualquier erupción volcánica, y se libera una tremenda energía. Podemos reconocer a nuestra alma gemela de un modo inmediato. Nos invade de repente un sentimiento de familiaridad, sentimos que ya conocemos profundamente a esta persona, a un nivel que rebasa los límites de la conciencia, con una profundidad que normalmente está reservada para los miembros más íntimos de la familia. O incluso más profundamente. De una forma intuitiva, sabemos qué decir y cuál será su reacción. Sentimos una seguridad y una confianza enormes, que no se adquieren en días, semanas o meses.

Pero el reconocimiento se da casi siempre de un modo lento y sutil. La conciencia se ilumina a medida que el velo se va descorriendo. No todo el mundo está preparado para percatarse al instante. Hay que esperar el momento adecuado, y la persona que se da cuenta primero tiene que ser paciente.

Gracias a una mirada, un sueño, un recuerdo o un sentimiento podemos llegar a reconocer a nuestra alma gemela. Sus manos nos rozan o sus labios nos besan, y nuestra alma recobra vida súbitamente.

El contacto con ese ser que nos atrae a primera vista puede tratarse de nuestro ser amado que, a través de los siglos; llega a nosotros y nos besa de nuevo para recordarnos que permaneceremos siempre juntos, hasta la eternidad. Entendiendo por eternidad al estado de unidad, de regreso juntos a la fuente original al “AMOR”.

El mes pasado un ser muy especial me regalo el libro en mi cumpleaños: Brida, de Paulo Coelho, ya que veníamos hablando repetidamente de las almas gemelas, y es de este libro que extraigo la siguiente conversación entre dos de sus personajes principales como dedicatoria a mi gran amor, a mí otra parte, siendo esta:

Fíjate en este cielo, dijo Lorens, acariciándole sus cabellos. Estamos mirando a un ciclo de años atrás.

Él le había dicho eso el día en que se encontraron. Pero Brida no quiso interrumpir, ésta era la manera que él compartía su vida con ella.

Muchas de las luces de esas estrellas ya se apagaron, sin embargo sus luces recorren aún el universo. Otras estrellas nacieron lejos y aún sus luces no han llegado hasta nosotros.

¿Entonces nadie sabe como es el cielo verdadero? Pregunto Brida. Ella también había hecho la misma pregunta la primera noche, pero era bueno repetir momentos tan agradables.

No lo sabemos, estudiamos lo que vemos, y no siempre lo que vemos es lo que existe.

Quiero preguntarte una cosa ¿De qué materia estamos hechos? ¿De donde vinieron esos átomos que formaron nuestro cuerpo?

Lorens, respondió mirando el cielo antiguo:

Fueron creados junto con esas estrellas y este río que estás viendo. En el primer segundo del universo.

Entonces después de este primer momento ¿no se ha añadido nada más? Pregunto Brida.

Nada más, todo se movió y se mueve. Todo se transformo y continúa transformándose. Pero la materia es la misma desde billones de años atrás. Sin que un átomo tan siquiera se haya agregado. …

Después de un largo silencio, Brida pregunto:

Es físicamente posible que los átomos que componen mi cuerpo hayan estado en el cuerpo de alguien que vivió antes de mí?

Lorens, la miro espantado, ¿Qué es lo que estas queriendo saber?

Solo esto que te pregunte, ¿Es posible?

Dijo Lorens: Pueden estar en las plantas, en los insectos, pueden haberse transformado en moléculas de helio y estar a millones de kilómetros de la tierra.

Pero ¿es posible que los átomos de alguien que ya murió estén en mi cuerpo y en el cuerpo de otra persona?

Él quedo callado por algún tiempo y luego respondió:

Si es posible

Brida se dio cuenta de que Lorens nunca había pensado en lo que ella había preguntado, y quizás en ese momento el se estuviera procurando saber si en su cuerpo habían átomos de guerreros vikingos, de explosiones volcánicas o animales prehistóricos, pero ella pensaba en otra cosa.

Todo lo que quería saber era si este hombre (Lorens) que la abrazaba con tanto cariño había sido un día, parte de ella misma…

Te amo Lorens

Y Brida deseó fervientemente que aquel hombre que sabía tantas cosas sobre la luz de las estrellas tuviera un poco del alguien que ella fuera un día.

“Sabed, por tanto, que del silencio más inmenso regresaré. [...] No olvidéis que volveré junto a ti. [...] Unos momentos más, un instante de reposo en el viento, y otra mujer me concebirá”
KAHLIL GIBRAN

Fuentes y referencias: Libro: Brida, de Paulo Coelho y Lazos de Amor de Brian Weiss.
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