DEL JUICIO FINAL

El Juicio Final o día del Juicio Final, es la denominación religiosa del fin del mundo, en el cual toda la humanidad será juzgada según sus obras. Su origen es "escatológico", es decir, apunta al final de los tiempos. Su representación debe su inspiración al Libro del Apocalipsis, de Juan. Si el Evangelio de Juan, comienza con un principio en el Verbo, el Logos, en Ap. 20,7-15, describe el Juicio Final, y la llegada de la Nueva Jerusalén.

No obstante, la lectura del libro del Apocalipsis debe realizarse originariamente como la esperanza de un cristiano en la caída de Roma y en el final de la persecución contra los primeros cristianos. Su inclusión en los libros canónicos, supuso el cambio de interpretación, pasando de ser profético a ser también alegórico.

La doctrina del juicio final en el Cristianismo generalmente habla de un día en que cada hombre será juzgado según sus obras, sean buenas o malas, después del Milenio de Paz y después de la Resurrección Final. Este juicio se efectuará ante el Gran Trono Blanco de Dios y serán juzgados cada uno según sus obras que están registradas en el libro de las obras. Y el que no se halle escrito en el libro de la vida será lanzado al lago de fuego y azufre.

El Juicio Final según el Islam  esta descrito en el Corán y el Hadith. Al igual que los cristianos, los musulmanes creen que la vida presente es tan solo una prueba preparatoria para la próxima existencia. Esta vida es un examen para cada individuo.

El día llegará en que el universo sea destruido por completo y que los muertos sean resucitados para el juicio de Dios. Este día será el comienzo de una vida que nunca terminará. Este es el día del Juicio. En aquél día, todas las personas serán recompensadas por Dios de acuerdo con sus creencias y acciones.

Aquellos que mueran sin creer perderán el Paraíso por siempre y serán enviados al Fuego del Infierno: Y quien desee otra práctica de adoración que no sea el Islam, no le será aceptada y en la última vida será de los perdedores.

Religiones que manejan el concepto de reencarnación como el hinduismo, carecen de un Día del Juicio para toda la humanidad; pero la determinación de como un individuo nace de nuevo es un "Juicio Particular" sobre los méritos de la vida justamente vivida.

Pero hoy me quiero referir a un juicio distinto que viene a estar relacionado con la idea de asenso y de la divinidad. Con la idea de llegar a Dios;  de alcanzar un aspecto más elevado de la existencia.

Con este  juicio propuesto estamos bordeando, ya, el final del camino de un viaje, pero que es cíclico y que debe continuar, un camino que empezamos conociendo con el aventurero del que algún vez hablamos en el viaje de héroe, donde aprendimos a entender que en la vida el camino de la sabiduría es entender la unión entre opuestos complementarios.

No decimos que con el juicio propuesto estamos ascendiendo en el sentido de venir a perdernos definitivamente en la elevación exclusiva de lo que es puramente espiritual; todo lo contrario, nos elevamos con respecto a un estado anterior de nosotros mismos; hemos dejado atrás las mentiras y la falsa palabrería: somos muchísimo más sabios.

Es una idea equivocada. Eso de creer que lo espiritual ha de ser siempre más importante que lo material, que el cielo es más poderoso que la tierra, que el alma es más importante que el cuerpo. ¿Dónde se ha visto y experimentado un alma que no tiene cuerpo, dónde estaríamos nosotros si no aquí en la bella tierra, qué sería de nuestro espíritu si no pudiéramos comer cada día? Abrazamos entonces la síntesis de las esencias opuestas que conforman toda existencia, nunca una sola de ellas.

El juicio propuesto aunque ha de representar un momento de felicidad y triunfo, nunca debemos olvidarnos de que se trata, en realidad, de eso de una especie de juicio. Nosotros nos enfrentamos con nosotros mismos por última vez.

Es verdad que ya lo hemos  tenido que hacer antes cuando enfrentamos momentos de cambio difíciles fuertes en nuestras vidas y somos capaces continuar el viaje con una nueva consciencia, pero ahora tendremos que hacerlo de vuelta; si pasamos, entonces ya nunca más tendremos que sufrir miedos o penurias del alma. Pero es muy fácil ir a parar desde El juicio de vuelta al principio para aquellos que no hayan ampliado fuertemente su conciencia, pues no podrán atravesar la puerta, y deberán regresar, entonces, al campo para repetir las experiencias hasta haberlas integrado y aprendido.

Uno de los mejores indicadores, para saber si realmente se está capacitado para pasar El juicio, es tratar de considerar “aunque suene un poco desconectado” qué tanto nos aburrimos, todavía, en la cotidianeidad de nuestra vida.

Se verá que el aburrimiento es una de las manifestaciones más complejas del miedo. Aburrirse significa que uno no está conectado del todo consigo mismo; implica la imposibilidad de quedarse quieto y en paz, sin pensar ni decir nada, disfrutando simplemente del hecho de existir.

Es verdad que la realización plena de nuestra existencia viene de la mano de nuestra capacidad de crear y hacer cosas nuevas, pero para poder recolectar los elementos que la creación necesita, siempre se requiere, también, un poco de quietud e inacción. ¿Qué tanto nos aburrimos? La respuesta a esa pregunta será de suma utilidad al momento de pensar en El juicio; si dice “mucho”, entonces es probable que nuestros miedos no estén aún vencidos, si dice “nada” (o algo que se le aproxime), es probable que estemos en condiciones de aspirar a la iluminación definitiva.

El Juicio del que hablamos, es considerar la generalidad, un camino hacia la felicidad y la sabiduría; es evidente que se debe de tener una especie de juicio final; no en el sentido catastrófico que esta frase recibe en algunas concepciones religiosas, sino en tanto necesidad de una última confrontación con nuestras más internas negaciones.

El en el Juicio final  somos nosotros antes y nosotros ahora; ¿qué tan real es el cambio producido en nuestra conciencia, que tanto hemos ampliado nuestro conocimiento? Son pocas las personas que realmente llegan hasta aquí, e incluso menos las que pueden dar los dos últimos pasos en el camino de la sabiduría.

Una de estas personas sin duda fue Fray Luis de León (1.527 – 1.591) del cual dejo el siguiente verso como una invitación a pensar en nuestra oportunidad para enfrentar nuestro Juicio Final, siendo este:

“Dichoso el humilde estado del sabio que se retira de aqueste mundo malvado,  y con pobre mesa y casa, en el campo deleitoso con sólo Dios se compasa, y a solas su vida pasa, ni envidiado ni envidioso”.
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