LA HUMILDAD, LA REINA DE LAS VIRTUDES



"El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido" (Mateo 23.12). Jesús enseñó y practicó la humildad.

Tratar el tema de la humildad es complejo debido a que cada uno de nosotros, en algunos más, en otros menos tenemos restos de orgullo humano que es lo contrario a la humildad.

Debemos, entonces, saber distinguir si en nuestro actuar y en los demás se da  la verdadera o la falsa humildad; entre el humilde de Corazón y el humilde teatral que utiliza su parodia en beneficio de lo que cree. La falsa humildad es la imagen invertida y descolorida de la verdadera, que nos da el gran espejo de la ilusión de los sentidos. El Filósofo dijo: vale más un hilo de verdadera humildad que un manto de pesados cañamazos de la falsa.

Digamos entonces por la humildad que es la carencia de vanidades; como una no sobrevaloración de este mundo pasajero; como una actitud de vigilia y respeto hacia todos los seres vivos, especialmente hacia aquellos más virtuosos y sabios que nosotros; la humildad es, sin lugar a dudas, una característica distintiva de las Almas inclinadas a todo lo noble y, sobre todo, a la existencia viva de DIOS y en servicio del AMOR. Así entendida, la humildad es la mejor piedra preciosa, es la reina de la corona  de las virtudes.

El apóstol Pablo, escribió: "Vestíos, pues... de humildad, de mansedumbre, de paciencia..." (Colosenses 3.12). El vestirse significa "cubrirse". En verdad la humildad encierra una actitud mental. Es "la virtud que consiste en el conocimiento y aceptación de las propias debilidades". La humildad no es cobardía ni debilidad. El orgullo refleja debilidad; mientras que muchas veces el desplegar humildad requiere valor y fortaleza.

Cuando Jesús dijo: "El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido", no fue una simple retórica. La noche antes de ir a la cruz, Jesús lavó los pies a los apóstoles, y así rindió un servicio que acostumbraban a dar sólo los esclavos (Juan 13.2-5).

Si el Padre y el Hijo han manifestado humildad divina, aquellos que deseamos su aprobación debemos mostrar la humildad cristiana. Muchos misioneros y predicadores religiosos sufren la crítica por carecer de la humildad requerida por Cristo, por no ejercitarla cuando necesita ser mostrada y ejecutada. La arrogancia y el orgullo son características de los que carecen de la sabiduría de Dios.

La humildad es prenda de respeto. Respetar a todas las personas, sin importar su nacionalidad, sexo, edad raza, educación, preferencia religiosa, sexual, etc. Pedro dijo: "En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas" (Hechos 10.34). Llevar  a cabo con humildad y respeto tareas que permitan llevar luz para con aquellos que no conocen la verdad y que les hará libres. Amor y paz son signos de la humildad. No se lucha contra los hermanos. El apóstol Pablo hacía sólo aquello que era edificante y no molestaba la conciencia de los hermanos (Romanos 14.19-21; 1 Corintios 8.9-13).

La humildad es, entonces, carencia de fantasía insana, Amor por todos y Servicio para todos, pues el realmente humilde, se hace pequeñito más cómodamente,  para así  abrir el espacio para todos, de la sombra benéfica del Árbol de la Vida.

(Articulo formado con partes tomadas de Internet de las páginas de internet “La voz eterna - de Atilio S. Pinto” y “Nueva Acrópolis Argentina – J.A. Livraga”.)
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