PARA LOS EQUÍVOCOS CAMINOS DEL PODER




"El mejor gobernante es aquel de cuya existencia la gente apenas se entera. Después viene aquel al que se le ama y alaba. A continuación, aquel al que se teme. Por último, aquel al que se desprecia y desafía".

Si eres desconfiado, otros desconfiarán de ti. El Sabio pasa desapercibido y ahorra las palabras. Cuando su tarea ha sido cumplida y las cosas han sido acabadas, todo el mundo dice: "¡Somos nosotros los que las hemos hecho!"

Un requisito para actuar inteligentemente nos enseño Jesús, y es que  ante las dificultades que salen a nuestro encuentro desde la mañana hasta el anochecer, es proceder con humildad; con aquella actitud que lo llevó Él al Padre, a escalar la cruz.
 La humildad es una actitud interior que se aprende en la renuncia y en el discernimiento que se haga cada día por vivir con lo necesario.

La humildad brota de un corazón agradecido y de una existencia que se sabe necesitada de los demás para seguir adelante; que no tiene la última palabra y que lo que ofrece lo da sin mirar la recompensa.

Ser humildes es una exigencia inevitable para ser cristianos; de lo contrario, la cruz de Cristo es locura, fracaso, contradicción. Es necesario, como nos habla el evangelio de san Marcos recordar, ser los últimos para ser los primeros. A Dios lo que menos le interesa de cada uno de nosotros, son los títulos y posiciones sociales. A él le interesa lo que somos en la desnudad realidad de nuestra persona, el escenario por excelencia donde él habla y nosotros escuchamos; donde él escucha y nosotros nos comunicamos con él.

También en otras culturas en sus creencias y relaciones con Dios resaltan la humildad como parte necesaria para integrar con nuestro yo interior. Es así como presento a continuación algunos versos del Tao Te Ching que sumado a las reflexiones anteriores sirven como antídoto para contrarrestar los efectos negativos de nuestro proceder cuando estamos en posiciones de poder y actuamos desde  nuestro lado menos luminoso. Los versos en su orden son los siguientes:

1) ¿Pretende alguien conquistar el mundo y hacer lo que quiera con él? No veo cómo podría tener éxito. El mundo es un recipiente sagrado que no puede ser manipulado ni dominado. Manipularlo es estropearlo, y dominarlo es perderlo.

De hecho, existe un tiempo para que todas las cosas vayan delante, y existe un tiempo para que vayan detrás; un tiempo para respirar despacio y otro para hacerlo deprisa; un tiempo para crecer en fortaleza y otro para declinar; un tiempo para subir y otro para bajar. Por ello, el Sabio evita los extremos, los excesos y las extravagancias.

2) Inclínate, y estarás completo; cúrvate, y serás enderezado. Mantente vacío, y serás llenado. Envejece, y serás renovado. Si tienes poco, ganarás. Si tienes mucho, estarás confuso.

Por ello, el Sabio abraza la Unidad, y se convierte en Modelo de todo cuanto se halla bajo el Cielo. No se vanagloria, y por eso brilla; no se justifica, y por eso es conocido; no proclama sus capacidades, y por ello merece confianza; no exhibe sus logros, y por eso permanece. No rivaliza con nadie, y por ello nadie compite con él.

Ciertamente, no son palabras vanas el antiguo dicho: "Inclínate, y estarás completo." Más aún: si has alcanzado realmente la plenitud, todas las cosas acudirán en tropel a ti.


3) Un gran reino es como un valle en el que todos los ríos confluyen. Es el Depósito de todo lo que existe bajo el cielo, lo Femenino del mundo. Lo Femenino siempre conquista a lo Masculino mediante la quietud, rebajándose a sí mismo a través de ésta.

Por ello, si un gran país puede rebajarse a sí mismo ante un país pequeño, lo ganará; si un pequeño país se rebaja ante un país grande, lo ganará. El primero gana inclinándose; el segundo permaneciendo humilde.

Lo que quiere un gran país es simplemente abarcar más gente; y lo que quiere un pequeño país es llegar a servir a su protector. De esta manera, cada uno de ellos consigue lo que quiere, aunque corresponde al gran país mantenerse humilde.

4) ¿Cómo se convierte el mar en el rey de todos los ríos?¡Porque está más abajo que ellos!. Por ello es el rey de todos los ríos. En consecuencia, el Sabio gobierna a la gente rebajándose en su discurso; y la dirige poniéndose detrás. Así pues, cuando el Sabio está sobre la gente, ésta no siente su peso; y cuando está al frente, nadie se siente herido.

Por lo tanto, todo el mundo está contento de facilitar su progreso sin cansarse de él. Como no lucha contra nadie, nadie puede luchar jamás contra él
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