Oraciones
Dios solo tu Voluntad
Solo tu Voluntad Dios mío, gracias por que hoy nada que querer, nada que pedir; solo tu voluntad en todos, en todo y en mí.
(31 Julio 2022). Luis F. Agudelo L.
Rosario de la Misericordia
¿Como rezarlo?: Se utiliza un rosario
común de cinco decenas.
1. Comenzar con un
Padre Nuestro, Avemaría, y Credo.
2. Al comenzar cada
decena (cuentas grandes del Padre Nuestro) decir:
"Padre Eterno,
te ofrezco el Cuerpo,
la Sangre, el Alma y
la Divinidad
de Tu Amadísimo Hijo,
Nuestro Señor
Jesucristo,
para el perdón de
nuestros
pecados y los del
mundo entero."
3. En las cuentas
pequeñas del Ave María:
"Por Su dolorosa
Pasión,
ten misericordia de
nosotros
y del mundo
entero."
4. Al finalizar las
cinco decenas de la coronilla se repite tres
veces:
"Santo Dios,
Santo Fuerte,
Santo Inmortal, ten
piedad de
nosotros y del mundo
entero."
5. Oración Final
"Oh sangre y
agua que que brotaste
del santísimo corazón
de Jesús como
una fuente de Misericordia
para nosotros, en Ti confió.."
Alma de Cristo
Alma de Cristo, santifícame.
Alma de Cristo
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo,
sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de
Cristo, lávame.
Pasión de Cristo,
confórtame.
¡Oh, buen Jesús!,
óyeme.
Dentro de tus llagas,
escóndeme.
No permitas que me
aparte de Ti.
Del maligno enemigo,
defiéndeme.
En la hora de mi
muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus
santos te alabe
Por los siglos de los
siglos. Amén.
Oración de la Sangre
de Cristo
Señor Jesús, en tu
nombre y con
el Poder de tu Sangre
Preciosa
sellamos toda
persona, hechos o
acontecimientos a
través de los cuales
el enemigo nos quiera
hacer daño.
Con el Poder de la
Sangre de Jesús
sellamos toda
potestad destructora en
el aire, en la
tierra, en el agua, en el fuego,
debajo de la tierra,
en las fuerzas satánicas
de la naturaleza, en
los abismos del infierno,
y en el mundo en el
cual nos movemos hoy.
Con el Poder de la
Sangre de Jesús
rompemos toda
interferencia y acción del maligno.
Te pedimos Jesús que
envíes a nuestros hogares
y lugares de trabajo
a la Santísima Virgen
acompañada de San
Miguel, San Gabriel,
San Rafael y toda su
corte de Santos Ángeles.
Con el Poder de la
Sangre de Jesús
sellamos nuestra
casa, todos los que la habitan
(nombrar a cada una
de ellas),
las personas que el
Señor enviará a ella,
así como los
alimentos y los bienes que
Él generosamente nos
envía
para nuestro
sustento.
Con el Poder de la
Sangre de Jesús
sellamos tierra,
puertas, ventanas,
objetos,
paredes, pisos y el aire que respiramos,
y en fe colocamos un
círculo de Su Sangre
alrededor de toda
nuestra familia.
Con el Poder de la
Sangre de Jesús
sellamos los lugares
en donde vamos
a estar este día, y
las personas, empresas
o instituciones con
quienes vamos a tratar
(nombrar a cada una
de ellas).
Con el Poder de la
Sangre de Jesús
sellamos nuestro
trabajo material y espiritual,
los negocios de toda
nuestra familia,
y los vehículos, las
carreteras, los aires,
las vías y cualquier
medio de transporte
que habremos de
utilizar.
Con Tu Sangre
preciosa sellamos los actos,
las mentes y los
corazones de todos los habitantes
y dirigentes de
nuestra Patria a fin de que
Tu Paz y Tu Corazón
al fin reinen en ella.
Te agradecemos Señor
por Tu Sangre y
por Tu Vida, ya que
gracias a Ellas
hemos sido salvados y
somos preservados
de todo lo malo.
Amén.
Bendíceme, Madre y ruega por mi sin cesar.
Aleja de mi, hoy
y siempre, el
pecado.
Si tropiezo,
tiende tu mano
hacia mí.
Si cien veces
caigo cien veces
levantarme.
Si yo
te olvido, Tu
no te olvides
de mí.
¡Si me
dejas Madre! ¿que
será de mi?
En los
peligros del mundo,
asísteme
Quiero vivir
y morir bajo
tu manto.
Quiero que
mi vida te
haga sonreír.
Mírame con compasión, no
me dejes Madre mía.
Y, al
fin, sal a
recibirme y llévame
junto a Ti.
Tu bendición me
acompañe hoy y
siempre.
Amén. Aleluya
(Un Avenaría)
Sacratísimo
Corazón de Jesús, en Vos confío. (3 veces).
0ración al Sagrado Corazón
de Jesús para una
grave necesidad
Oh Divino Jesús que
dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá;
porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le
abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus
palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un
favor:
(Se ora en silencio
pidiendo el favor)
¿A quién he de pedir,
sino a Ti, cuyo Corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y
dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas
las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino
a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y
por medio del cual vamos a Dios?
A Ti acudimos, oh Corazón
de Jesús, porque en Ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos
pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos
ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan
a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas.
Creo firmemente que
puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene
límites y confío en que tu Corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis
tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición.
Quiero que mi corazón
esté lleno de la confianza con que oró el centurión romano en favor de su
criado; de la confianza con que oraron las hermanas de Lázaro, los leprosos,
los ciegos, los paralíticos que se acercaban a Ti porque sabían que tus oídos y
tu Corazón estaban siempre abiertos para oír y remediar sus males.
Sin embargo... dejo
en tus manos mi petición, sabiendo que Tú sabes las cosas mejor que yo; y que,
si no me concedes esta gracia que te pido, sí me darás en cambio otra que mucho
necesita mi alma; y me concederás mirar las cosas, mi situación, mis problemas,
mi vida entera, desde otro ángulo, con más espíritu de fe.
Cualquiera que sea tu
decisión, nunca dejaré de amarte, adorarte y servirte, oh buen Jesús.
Acepta este acto mío
de perfecta adoración y sumisión a lo que decrete tu Corazón misericordioso.
Amén.
Padre Nuestro, Ave
María, Gloria al Padre.
Cuenta la tradición que, en la segunda mitad del siglo XV, la Virgen María se le apareció al Beato dominico Alano de la Rupe, quien escribió el famoso libro “De Dignitate Psalterii” (De la dignidad del Salterio de María), en el cual relata cómo la Virgen pide a Santo Domingo de Guzmán que propague el rezo del Santo Rosario.

1. Aquellos que recen con enorme
fe el Rosario recibirán gracias especiales.
2. Prometo mi protección y las
gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
3. El Rosario es un arma poderosa
para no ir al infierno: destruye los vicios, disminuye los pecados y nos
defiende de las herejías.
4. Se otorgará la virtud y las
buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará
a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en
su dedeo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este
medio.
5. El alma que se encomiende a mí
en el Rosario no perecerá.
6. Quien rece el Rosario
devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la
desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una muerte violenta, y
si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la
vida eterna.
7. Aquel que sea verdadero devoto
del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
8. Aquellos que recen con mucha
fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su muerte encontrarán la luz de
Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la muerte participarán en el
paraíso por los méritos de los Santos.
9. Libraré del purgatorio a a
quienes recen el Rosario devotamente.
10. Los niños devotos al Rosario
merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
11. Obtendrán todo lo que me
pidan mediante el Rosario.
12. Aquellos que propaguen mi
Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
13. Mi hijo me ha concedido que
todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores
a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.
14. Son mis niños aquellos que
recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único hijo, Jesús Cristo.
15. La devoción a mi Rosario es
una gran señal de profecía.
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